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Razones del corazón y de la inteligencia para defender a Venezuela y su Revolución socialista

21/09/2025 by Vitalio Deja un comentario

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Por Fernando Buen Abad Dominguez

 

Venezuela representa hoy un escenario decisivo en la historia de la emancipación de los pueblos latinoamericanos y del mundo. Defender su Revolución Socialista no es un acto de mera solidaridad internacionalista, sino un imperativo del corazón y de la inteligencia. El corazón, porque en cada rostro de mujer y hombre venezolano, en cada niño y anciano que ha resistido los embates del bloqueo imperial y la guerra económica, palpita la dignidad y la esperanza de un pueblo que decide no doblegarse. La inteligencia, porque comprender la Revolución Bolivariana exige analizarla desde sus raíces históricas, filosóficas y políticas: desde la independencia continental proclamada por Simón Bolívar hasta la consolidación del proyecto socialista encabezado por Hugo Chávez, pasando por la reflexión marxista y leninista sobre la lucha de clases, el poder popular y la emancipación histórica. Bolívar señalaba: “El arte de vencer se aprende en las derrotas”, y esta máxima resuena hoy en la revolución de Venezuela frente a los intentos de recolonización y sabotaje económico. Defender a Venezuela es defender la continuidad de esa idea de libertad, pero entendida como libertad para los pueblos y no para las élites; es un acto que exige coherencia moral y claridad política.

Y, entonces, el corazón nos llama a reconocer y repudiar el sufrimiento infligido por quienes buscan la sumisión de un país a los dictados de poderes transnacionales. El bloqueo económico, la guerra mediática, las sanciones financieras y los intentos de desestabilización no son episodios aislados, sino componentes de una estrategia global de dominación capitalista. Frente a esto, la inteligencia nos obliga a comprender que la Revolución Socialista de Venezuela no es un experimento aislado ni improvisado, es producto de una acumulación histórica de luchas, aprendizajes y derrotas. Chávez lo expresaba con claridad. Defender la Revolución implica reconocer que el poder popular, la educación liberadora, la redistribución y la justicia social son conquistas que, aunque incompletas, redefinen el sentido de la política y del Estado. La disputa por el sentido bolivariano no se limita a los símbolos o a la retórica; se trata de sostener una concepción de sociedad donde los derechos colectivos primen sobre los intereses del capital global.

Desde la perspectiva de la filosofía de la historia, Marx nos enseñó que la emancipación de los pueblos no se logra sin conciencia de clase y sin organización. “Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”, recordaba, y esta idea es inseparable del proyecto bolivariano. Venezuela es un laboratorio donde la teoría se encuentra con la práctica, donde la lucha de clases no es abstracción sino experiencia diaria, donde la resistencia se convierte en educación política colectiva. Lenin insistía en que el poder revolucionario debía construirse sobre la base de la claridad teórica y la disciplina estratégica: la Revolución Bolivariana encarna este principio al combinar las reivindicaciones sociales inmediatas con un proyecto de independencia económica, cultural y política frente al imperialismo. Defender a Venezuela es, por tanto, defender la posibilidad concreta de que la humanidad pueda pensar y actuar contra las cadenas de dominación global, reconociendo que la soberanía no es un concepto vacío, sino un derecho de los pueblos a decidir sobre su propio destino.

Nuestra Revolución Bolivariana ha sido objeto de una ofensiva comunicacional intensa, diseñada para confundir, dividir y deslegitimar. Las mafias mediáticas transnacionales han trabajado persistentemente para construir la narrativa de fracaso, corrupción y autoritarismo, escondiendo el contexto de guerra económica y sabotaje que enfrenta el país. Frente a esto, el corazón nos impulsa a la solidaridad y la empatía con las víctimas de estas campañas, mientras la inteligencia exige desmontar críticamente cada construcción de las canalladas mediáticas. No es suficiente sentir; hay que comprender, enseñar y difundir las verdades históricas. Cada miseria, cada carencia, no puede separarse de la agresión externa sistemática ni de las limitaciones impuestas por la economía mundial bajo hegemonía capitalista. Defender a Venezuela implica entonces asumir la disputa por el sentido, reivindicar que la Revolución es un proyecto de emancipación y que su fracaso aparente sería, en realidad, el triunfo del imperialismo sobre la voluntad de un pueblo.

Trabajar en la construcción de la conciencia social y política es esencial. Bolívar nos recordaba que “por el engaño nos han derrotado más que por la fuerza” Esta lucha no es solamente física o material, sino también simbólica, educativa y cultural. La Revolución Bolivariana ha invertido enormes recursos en educación, comunicación popular, salud y organización comunitaria, buscando desarrollar una conciencia crítica que pueda resistir la colonización ideológica. Chávez sostenía que “sin pueblo organizado no hay revolución duradera”, y esta idea subraya la importancia de la participación colectiva, del protagonismo ciudadano y del fortalecimiento de estructuras comunitarias autónomas. Defender a Venezuela significa, entonces, defender un modelo que intenta transformar la relación entre el Estado y la sociedad, entre la economía y la justicia social, y entre la política y la ética.

Sabemos que el corazón siente que la solidaridad con Venezuela no es un acto abstracto sino concreto, se traduce en apoyo a las misiones sociales, en reconocimiento a los médicos y maestros, en visibilización de la cultura popular, en denuncia de los bloqueos y agresiones. La inteligencia reconoce la injusticia de la agresión imperialista, los intereses del capitalismo, las tensiones geopolíticas, las estrategias de intervención y las traiciones burguesas. No hay defensa ingenua ni adhesión acrítica; la defensa requiere estudio, análisis, estrategia y compromiso ético. Como Marx y Engels señalaron, “la historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa” y en Venezuela, la farsa mediática intenta imponerse sobre la ofensiva real de la guerra económica, y nuestro deber es revelarla, explicarla y confrontarla con argumentos sólidos. Batalla de las ideas.

Defender la Revolución es también un acto de memoria histórica. Recordar las raíces bolivarianas significa reivindicar la independencia, la dignidad y la unidad de América Latina. Bolívar advertía sobre los peligros de las traiciones  internas y la subordinación burguesa a poderes externos, y estas advertencias siguen siendo vigentes. La Revolución Socialista de Venezuela, al combinar la herencia bolivariana con los aportes de las experiencias populares contemporáneas, representa un faro de resistencia y rebelión para los pueblos del mundo. No es un ideal abstracto, sino un proceso en construcción, sujeto a errores, aprendizajes y avances concretos. Defenderla exige no solo pasión y compromiso ético, sino rigor analítico y claridad estratégica.

Por eso, la defensa de Venezuela implica reafirmar que la emancipación no es un regalo ni un acto de beneficencia internacional, es la consecuencia del protagonismo del pueblo, de su organización, de su conciencia y de su capacidad de revolucionarse frente a las fuerzas dominantes del mundo. El corazón nos recuerda que cada victoria social es también una victoria moral, y la inteligencia nos enseña que la estrategia correcta se basa en el conocimiento histórico y en la pedagogía de la revolución en marcha. Bolívar decía que “la libertad del Nuevo Mundo depende de la constancia del valor y del sacrificio”, y Chávez insistía en que “la revolución es un estado de conciencia que transforma la realidad”. La emancipación requiere organización, educación y lucha constante. Defender a Venezuela es defender, en suma, la posibilidad de un mundo donde los pueblos sean dueños de su destino, donde la justicia social sea posible y donde la dignidad no sea un concepto vacío, sino una práctica viva. Con “la máxima felicidad posible” para todos y todas.

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Publicado en: AmericaLatina, Cultural, Economía, Global, Venezuela

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