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  • Vitalio Sep 30, 23:56 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: Querida Giancarla: He leído tu comentario varias veces, y cada vez me ha dejado una sensación difícil de describir. No es solo satisfacción por ver comprendido el núcleo del ensayo. Es algo más parecido a la emoción de encontrarse con alguien que ha caminado por el mismo sendero y ha visto las mismas huellas. Gracias, de verdad, por esta lectura. Tienes razón en señalar que el corazón del texto late en esa reivindicación de la dignidad y la autonomía humana que viene del hermetismo y de Pico della Mirandola. Pero quiero detenerme en un matiz que tu crítica ilumina con claridad: no se trata de un individualismo a la manera moderna, sino de algo más antiguo y profundo. El hermetismo no dice «haz lo que quieras, porque eres el centro del universo». Dice algo mucho más radical y humilde a la vez: que conocerse a sí mismo y conocer el mundo son un solo acto, y que en ese acto el ser humano participa de lo divino. La autonomía, entonces, no es aislamiento. Es comunión. Es la capacidad de leer el cosmos como un texto vivo, y de saberse parte de él. Por eso tu observación sobre el «ser humano como agente directo» me parece tan precisa. El ensayo no propone una libertad sin raíces, sino una libertad que brota de la fuente misma de la vida. Es la libertad del que ha bebido de las aguas originales y ya no necesita que nadie le diga lo que son. Esa fue, creo, la intuición de Pico en su Discurso sobre la dignidad del hombre: que no tenemos una naturaleza fija, sino la capacidad de elevarnos o degradarnos, y que esa capacidad es nuestra dignidad y nuestra responsabilidad. Y en cuanto a la crítica al poder institucional, tienes toda la razón al destacarla. La retractación de Galileo es un símbolo doloroso, pero también necesario. No la incluí para denunciar a la Iglesia como institución —sería una lectura pobre y sectaria—, sino para mostrar el drama de un hombre que sabía algo verdadero y tuvo que negarlo para sobrevivir. Ese drama no es solo del siglo XVII. Sigue ocurriendo hoy, en otros contextos, con otros inquisidores. Defender la libertad de pensamiento frente a la censura no es un gesto anticlerical: es un gesto de amor a la verdad, y a los seres humanos que la buscan. Pero hay algo en tu cierre que me ha tocado especialmente: «Retorna la luz al hombre como el Dios del Olimpo Prometeus.» Prometeo. El titán que robó el fuego a los dioses y lo entregó a los mortales. El que fue castigado eternamente por ese acto de generosidad. El que, según algunas versiones, no se arrepintió jamás. Es una imagen perfecta para lo que el ensayo quiere decir. Porque el hermetismo, en el fondo, es un acto prometeico: afirma que el ser humano puede alcanzar lo divino sin permiso. Que la chispa está en nosotros. Que la luz no es propiedad de los dioses ni de sus representantes en la tierra. Y como Prometeo, quienes han defendido esa idea han sido castigados: Bruno en la hoguera, Galileo en arresto domiciliario, Campanella en prisión durante veinte años. Pero el fuego no se apagó. Pasó de mano en mano, de generación en generación, oculto en los márgenes, en las sociedades secretas, en los libros prohibidos, en los sueños de los que se atrevieron a pensar por sí mismos. Quizás por eso el ensayo se llama Ad fontes y no Ad lucem. Porque la luz no se inventa: se recupera. Estaba ahí, en las fuentes, esperando. Prometeo no creó el fuego: lo tomó de donde ya estaba y lo devolvió a quienes les pertenecía. Eso es lo que hacen los que vuelven a las fuentes: no traen nada nuevo, sino que devuelven a los seres humanos algo que siempre fue suyo y que el poder les había arrebatado. Gracias por recordármelo. Tu crítica no solo entiende el ensayo: lo completa. Y me hace ver que, en el fondo, todo este viaje desde Descartes hasta Egipto no era otra cosa que una manera de decir lo mismo que dijo Prometeo con su gesto: la luz es nuestra, y nadie tiene derecho a quitárnosla. Con gratitud. Un Angel
  • Vitalio Sep 30, 23:42 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: Oscar: Gracias por esta lectura. La he recibido como lo que es: un acto de cuidado. Qué bueno saber que hay lectores que no solo celebren lo que un texto logra, sino que además señalen con precisión dónde puede estar fallando. Tu crítica me ayuda a ver algo que, en el entusiasmo de escribir, quizás pasé por alto. Y eso es un regalo. Celebro que hayas destacado la fluidez con que el ensayo integra la historia de las ideas —el Corpus Hermeticum, Ficino, Pico, Galileo— y que la prosa estimule la curiosidad por el pensamiento antiguo. Esa era, en efecto, una de mis intenciones: que la erudición no fuera un muro, sino una puerta. Que el lector sintiera que la historia de las ideas puede ser tan apasionante como una novela de misterio. Pero tienes toda la razón en el punto que señalas. Y quiero detenerme en él porque es importante. Cuando escribí esa frase —«nadie sabe realmente cómo se construyeron… ni con qué tecnología maldita o bendita»—, mi intención no era negar la capacidad técnica de los pueblos originarios. Al contrario: siempre me ha parecido asombroso lo que lograron. Las pirámides de Giza, Machu Picchu, Teotihuacán: son obras de una inteligencia y una precisión que aún hoy nos dejan sin aliento. Pero al decir «nadie sabe realmente cómo», corrí el riesgo —y tú lo has visto con claridad— de deslizarme hacia una mística del misterio que, sin querer, despoja a esas culturas de su agencia técnica y humana. Como si hubieran sido meros receptores de un saber venido de otro mundo, en lugar de los ingenieros, astrónomos, matemáticos y artistas que fueron. Y eso es injusto. No solo históricamente, sino éticamente. Porque el principio Ad fontes que da título al ensayo no debe aplicarse solo a los mitos y a las cosmovisiones, sino también a la fidelidad a la historia humana en toda su complejidad. Volver a las fuentes significa también reconocer a los pueblos antiguos como sujetos de conocimiento, no como enigmas decorativos para nuestro asombro. Tu observación me hace pensar que el ensayo se beneficiaría de una distinción más clara. Una cosa es el misterio de la cosmovisión —cómo entendían el mundo, qué relación tenían con lo sagrado, qué lugar ocupaba el ser humano en el cosmos—, y otra muy distinta es el misterio de la técnica. Lo primero sigue siendo un territorio fértil para la reflexión hermenéutica. Lo segundo, en cambio, ha sido en gran medida desentrañado por la arqueología y la ingeniería modernas, y negarlo sería un acto de pereza intelectual. Quizás la próxima versión del ensayo incorpore una nota o un pasaje que aclare esto: que el asombro ante las pirámides no debe llevarnos a olvidar que fueron construidas por manos humanas, con conocimientos humanos, transmitidos y perfeccionados durante generaciones. Que el misterio no está en cómo movieron las piedras —eso lo sabemos, o podemos saberlo—, sino en la mirada que las hacía sagradas. En la relación con el cosmos que las convertía en algo más que tumbas o templos. Gracias por recordármelo. Críticas como la tuya no debilitan un texto: lo vuelven más honesto. Y yo quiero que este ensayo sea honesto, incluso cuando se permite soñar. Con gratitud. Angel
  • Vitalio Sep 30, 23:28 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: Entrañable Denise: He leído tu comentario despacio, dos veces, y quiero agradecerte de verdad. No es común recibir una lectura que no solo entiende lo que uno quiso decir, sino que además lo ilumina desde ángulos que uno no había visto. Tu crítica es un regalo, y la recibo con alegría y con humildad. Tienes razón en casi todo. Y en lo que no, me invitas a pensar mejor. Sobre la dimensión ética. Celebro que hayas señalado la propuesta de fondo: la idea de que el cosmos es una totalidad viva, y que conocer el mundo y conocerse a uno mismo son dos caras de un mismo acto. Esa es, en efecto, la médula del ensayo. No quise escribir una historia de las ideas por el simple placer de la erudición, sino porque creo que ahí, en esas cosmovisiones que el dualismo moderno desterró, hay una ética posible para nuestro tiempo. Una ética de la corresponsabilidad, como dices, que no nace del deber abstracto sino del asombro y del reconocimiento. Tu lectura me confirma que ese hilo rojo se sostiene, y eso me da ánimo. Sobre la tensión entre el título y el cuerpo del texto. Aquí tocas un punto delicado, y te lo agradezco especialmente. El subtítulo —»El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses»— nació como una provocación, sí, pero también como una forma de decir algo muy serio con una sonrisa. Atun, el dios uno, se masturba y de su placer nacen los principios de todo. Es una imagen que me pareció profundamente bella y profundamente humana: la creación como desbordamiento, no como mandato. Pero tienes razón en que el cuerpo del ensayo se despliega sobre todo en el Renacimiento y el hermetismo, y que el mito egipcio, aunque aparece y se desarrolla en las últimas secciones, no sostiene por sí solo la promesa del subtítulo desde la portada. Quizás la solución no sea renunciar a la provocación, sino asumirla con más honestidad: que el subtítulo funcione como un umbral, como una puerta que invita a entrar, y que el lector descubra, al final, que esa puerta da a un jardín más amplio de lo que esperaba. O quizás deba desarrollar el mito de Atun desde el comienzo, entrelazándolo con el hilo del Renacimiento, para que la promesa se cumpla a lo largo de todo el texto y no solo al final. Es una decisión de arquitectura que agradezco haber puesto sobre la mesa. Respeto a las capacidades técnicas de las civilizaciones del pasado. Este punto en especial me hizo detener. Cuando el ensayo habla del misterio de las pirámides, no pretende negar la capacidad técnica de los antiguos egipcios. Al contrario: me fascina su ingenio, su astronomía, su medicina, su arquitectura. Pero creo que ese asombro a veces se ha contado de dos maneras opuestas: o como un enigma sobrenatural (los alienígenas, la magia perdida), o como una simple proeza de ingeniería que ya comprendemos del todo. Mi intención era abrir una tercera vía: reconocer la maestría técnica real, sí, pero también preguntarnos por la cosmovisión que la hacía posible. No se trata de mitificar el pasado, sino de no reducir a los egipcios a «hombres primitivos que movían piedras». Eran, como nosotros, seres humanos inteligentes, con una ciencia propia, con una relación con el mundo que quizás tenía algo que hemos perdido. Si en algún momento el texto dio a entender lo contrario, lo corrijo y lo agradezco. Porque el principio Ad fontes no debe ser solo una búsqueda de mitos, sino también una fidelidad a la historia humana en toda su complejidad. Tu crítica me ayuda a afinar ese equilibrio. Y me hace ver que el ensayo, como toda obra viva, sigue abierto. Quizás la próxima versión incorpore una nota más explícita sobre la destreza técnica de Egipto, o una reflexión sobre cómo la ciencia antigua y la moderna no son enemigas, sino dos lenguajes distintos para habitar el mismo misterio. Gracias, de verdad, por tomarte el tiempo de leer con esta profundidad. Críticas así no cierran un texto: lo abren. Y me recuerdan por qué vale la pena escribirlo. Con gratitud y con ganas de seguir conversando, Un Angel.
  • Vitalio Sep 22, 19:50 en Por: Angel Ontiveros C.  The universe or the world, as a result of the masturbation of the Gods: The Temptation of the Tribunal A Response to a Critique That Confuses Ontology with the Moral Police I am sorry, Sankt Pio V, but your critique makes a mistake analogous to the institutional one I point out in my essay. You operate like a «moralizing tribunal of writing» that seeks to dictate how one should write, whom one should not offend, and which metaphors are ethically permissible. You apply a logic of political correctness and modern puritanism—a «prescriptive ideal» for discourse—in exactly the same way the Inquisition or the Church enforced dogmatic correctness during the Renaissance. I appreciate the time taken to read and reflect upon the title and opening of my essay. However, the analysis presented paradoxically falls prey to the very institutional and dogmatic pathology that *AD FONTES* seeks to expose: the substitution of ontological thought with a form of discourse policing. Where the essay poses a question regarding the origins, immanence, and desacralization of power, the critique responds with a catalogue of prescriptions concerning «what a responsible essay should or should not do.» By assuming the role of a moral tribunal—crippled by the zeal of contemporary «oughts»—the critique commits three fundamental errors that deserve to be highlighted: 1. The moralistic fallacy: Confusing ontological provocation with a «desire to offend» The critique maintains that the concept of divine self-generation (expressed in the Egyptian myth of Atum and translated into contemporary language) risks descending into contempt or mockery directed at believers. This argument is a clear dogmatic anachronism: it confuses a critique of the mediation of power with an attack on the individual. The thesis of *AD FONTES* is not an «insult to the believer’s face,» but rather a demystification of the structures of mediation that hijacked the sacred to turn it into an instrument of political control. Reducing the cosmogonic myth to «mucus» or «wasted semen» in order to moralize about the believer’s feelings reveals more about the critic’s own puritanical fixation on the body and sexuality than it does about the essay’s purpose. The sacredness of the body does not ask for permission from institutional piety. 2. The trap of ideological anachronism and «identity politics» The critic faults the essay for failing to include «menstrual cosmologies, female gestations, or queer reproductions,» accusing the text of «re-enthroning the patriarchy.» This objection is a perfect example of modern discursive inquisition: judging the recovery of a specific historical tradition (*Ad Fontes*: Hermeticism, the Heliopolitan myth, the Renaissance) against the demands of a contemporary ideological checklist. Demanding that the historical and intellectual reconstruction of Hermeticism meet 21st-century identity-politics standards for representation is not ethics; it is retrospective censorship and historiographical distortion. Hermeticism and the cosmogony of divine autoeroticism are chosen not based on gender preference, but for the philosophical power of their postulate: creation without intermediaries, the self-generation of being from within immanence. 3. Functionalist reductionism versus metaphorical freedom To claim that divine masturbation reduces creation to «irresponsible waste» is to fail to grasp the distinction between the bourgeois morality of production and the logic of myth. In archaic cosmogonies and Renaissance intuition, the primordial creative act is the overflowing of being in pure freedom—not a utilitarian transaction or a contract of responsibility. Atum did not create the world like an administrator; he created it in an act of self-sufficient superabundance. To insist that a sexual metaphor must submit to a test of «social responsibility» is to subject poetry and philosophy to the yoke of moral utilitarianism. Conclusion: The True Ethics of *Ad Fontes* The true spirit of *Ad Fontes*—as demonstrated by Giordano Bruno, Pico della Mirandola, or Galileo—is not one of asking the ruling power for permission so as not to hurt sensibilities. The ethics of thought does not consist of safeguarding institutional pieties or pandering to the political correctness of the moment; the ethics of thought consists of fidelity to truth and to the autonomy of the spirit in the face of dogmatic coercion. The criticism seeks to «correct» the essay to make it comfortable, respectful, and aligned with modern canons of secular piety. To do so would be to betray the very principle of *AD FONTES*: returning to the primal sources not to find a pristine altar, but to encounter the untimely, carnal, and free force of human thought before the Church—or its contemporary tribunals—placed it in a cage. Why this response is superior: * It shifts the axis of the discussion: It does not defend itself on the critic’s terms («I didn’t mean to offend,» «I’m not sexist»). Instead, it elevates the discussion to an epistemological plane and denounces the critic’s method as moralistic and censorious. * It reframes «*Ad Fontes*»: It shows that the critic understands «ethics» as a set of moral rules, whereas you understand «ethics» as philosophical freedom and the radical honesty of thought. * It invalidates the ideological reproach: It dismantles the argument regarding gender representation by demonstrating that applying a contemporary checklist to the study of Hermeticism and Egyptian cosmogony is a methodological anachronism. My essay presents a highly compelling discussion regarding immanence, freedom of thought, and the critique of the mediations of power. I strive to maintain the high level of the debate—without yielding to moral blackmail or falling into a defensive posture—as that is the best way to honour the very spirit of *Ad Fontes*.
  • Sankt Pio V Sep 21, 05:19 en Por: Angel Ontiveros C.  The universe or the world, as a result of the masturbation of the Gods: The essay’s title performs a deliberate desecration: it takes the most exalted object—creation—and renames it as an obscene, solitary act. That can be philosophically useful. By forcing cosmology back into the body, it challenges the habit of treating religion as pure spirit and sexuality as mere fallenness. The scandal is the point: if gods create the way bodies leak, spend, and reproduce, then the sacred is not above matter but inside it. Read charitably, the essay’s ethical wager is that “ad fontes” means returning to sources not to worship them, but to recover their bodily, pre-puritanical strangeness. But the same provocation carries ethical risks. The phrase “masturbation of the gods” can slide from critique into contempt. A blasphemous metaphor may expose religious authoritarianism, yet if its main force is to make believers ridiculous, it confuses freedom of expression with the pleasure of offending. Ethical critique should aim at dogma, institutions, and coercion—not at the dignity of people who inherit sacred stories. The difference matters: to say “creation myths are human projections” is an argument; to say “your gods are spent seed” is closer to a taunt. There is also a reductionist danger. If the universe is “the result” of divine masturbation, creation becomes waste-motion: excess without relation, pleasure without responsibility, origin without care. That flattens the older sexual cosmogonies it invokes, where generative fluids are usually bound up with fecundity, flood, agriculture, death, and return. In Egyptian material, for example, Atum’s auto-generative act is not mere ejaculation; it initiates a differentiated world through naming, separation, and lineage. A responsible essay should not merely transpose orgasm into ontology; it should ask what work the sexual metaphor does and where it fails. The gender politics are similarly double-edged. On one side, making the cosmos seminal refuses the shame attached to non-procreative sexuality. On the other, it recenters the male organ, male expenditure, and male climax as the model of origin. Female gestation, menstrual cosmologies, earth-mother figures, queer reproduction, and non-biological creation are pushed to the margins. An ethical revision would ask: whose body gets to stand for creation? If the answer is still the phallus, the essay may criticize old gods while quietly re-enthroning an old patriarchy. Finally, the essay’s method should match its audacity. “Ad fontes” is not only license to shock; it is an obligation to context. If sacred narratives are anthropomorphic, that is evidence about human need, fear, pleasure, and power—not proof that transcendence is a fraud. The strongest ethical reading would therefore refuse two lazinesses: the piety that cannot bear embodiment, and the cynicism that cannot bear meaning. The universe need not be divine semen to be worthy of reverence; nor need it be a sterile machine to be worthy of truth. A better essay would keep the obscenity, but aim it less at believers’ faces and more at the purity regimes, hierarchies, and denials of finitude that made bodily creation seem unthinkable in the first place.
  • Denise d'agostini Sep 20, 11:46 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: ​Un aporte ético relevante del ensayo es su llamado a revalorizar las cosmovisiones que conciben al cosmos como una totalidad viva: ​Superación del antropocentrismo utilitarista: En un contexto global dominado por la explotación desmedida de recursos, la perspectiva planteada («el cielo era un cuerpo vivo, la tierra un altar») ofrece una alternativa ética basada en la recorresponsabilidad con el entorno. ​Integración del conocer y el ser: La propuesta de que conocer el mundo y conocerse a uno mismo son facetas inseparables promueve una ética de la autorreflexión, opuesta al consumo pasivo de información. ​Coherencia formal y retórica ​El título frente al contenido: El subtítulo/título principal utiliza una provocación conceptual («el resultado de la masturbación de los Dioses»), una metáfora cosmogónica de la Creación (presente en mitologías antiguas como la egipcia, p. ej. el dios Atum). Sin embargo, el cuerpo del texto se despliega principalmente en torno al Renacimiento, el hermetismo y la historia de las ideas. Éticamente, la provocación retórica es válida si sirve de umbral a la reflexión, aunque existe el riesgo de distraer del argumento central si no se desarrolla ampliamente el mito al que alude en la portada. ​El ensayo propone un marco ético de liberación intelectual y reconexión cósmica. Defiende la autonomía de la razón frente a la coerción del poder y critica el mecanicismo moderno mediante la recuperación del pensamiento antiguo. Para alcanzar un equilibrio ético aún mayor, el texto se beneficiaría de afianzar el respeto a las capacidades técnicas reales de las civilizaciones del pasado, manteniendo así el principio de Ad fontes no solo en la búsqueda de mitos, sino en la fidelidad a la historia humana.
  • Giancarla Rossi Sep 20, 11:33 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: Un viaje alucinante. ​El núcleo filosófico del texto reside en la reivindicación de la dignidad y autonomía humana inspirada en el pensamiento hermético y en Pico della Mirandola: ​El ser humano como agente directo: Al destacar que el individuo puede buscar el conocimiento y lo sagrado sin la mediación obligatoria de estructuras institucionales jerárquicas, el ensayo plantea un modelo ético centrado en la autodeterminación espiritual e intelectual. ​Crítica al poder institucional: La denuncia del control dogmático (ejemplificada en la retractación de Galileo) subraya el deber ético de defender la libertad de pensamiento y la verdad frente a la censura política o eclesiástica. Retorna la luz al hombre como el Dios del Olimpo Prometeus.
  • Oscar F. Sep 20, 11:22 en Angel Ontiveros C. El universo o el mundo, como resultado de la masturbación de los Dioses: ​El lema renacentista Ad fontes (ir a las fuentes originarias) constituye una exigencia ética de veracidad y rigor. En el texto, este principio genera una tensión interesante: ​El ensayo integra con fluidez la historia de las ideas (el redescubrimiento del Corpus Hermeticum, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Galileo). Logra comunicar nociones abstractas mediante una prosa evocadora que estimula la curiosidad por el pensamiento antiguo. ​Existe un deslizamiento entre la interpretación hermenéutica legítima y la especulación histórica. Al abordar las construcciones antiguas (Egipto, los Andes, Mesoamérica) mediante la afirmación de que «nadie sabe realmente cómo se construyeron… ni con qué tecnología maldita o bendita», se roza el riesgo deontológico de desestimar el trabajo técnico e ingenieril de los pueblos originarios para alimentar una mística del misterio. Desde la ética del conocimiento, es fundamental no despojar a las culturas antiguas de su agencia técnica y humana en favor de una mitologización excesiva. Hermoso trabajo.
  • Giulio Ago 31, 18:55 en Un oscuro personaje presidirá Colombia: No como Petro , que era un angelito (del M19)….
  • Tere Marin M May 24, 21:41 en La soberbia de la decadencia imperial: usar el propio colapso como amenaza global: Buenas tardes: En esta tarde de domingo les encontré, así, como quién no quiere la cosa….Y llevo dos horas leyendo vuestros artículos con el ansia de haber encontrado respuestas a preguntas en mi cabeza…compartiré(cuando la censura me permita) estos magníficos, pedagógicos artículos cargados de verdad y de datos …un abrazo fraterno desde Argentina.
  • ernesto2358 Nov 26, 22:09 en «1984» de Orwell: cuando la ficción se hace realidad: Es pertinente recuperar a Orwell,vigente en 2024 y Foucault, que desnudan a regímenes libertarios y autoritarios, que pretenden construir mediante sus narrativas distópicas y un soez enracimado de las redes sociales, al enemigo interno para vaciar su voz e imponer los códigos y contenidos de sociedades atrapadas por el miedo, guerra cognitiva, no convencional multidimensional y una fuerza pública entrenada para reprimir al sujeto pueblo y conservar un orden unilateral contaminado de injusticia social y vulneración de derechos, sobre todo en el contexto regional latinoamericano, en donde retorna Donald Trump, a La Casa Blanca, para recuperar su gran patio Nuestroamericano, proveedor de recursos naturales y energéticos, muy deseados en el mantenimiento del orden occidental.
  • joon Nov 9, 16:11 en Herederos del Tercer Reich: Ucrania, EEUU y los Biolaboratorios: Saludos fraternos a los trabajadores chilenos!
  • arnaldoperezguerra Sep 6, 06:40 en Herederos del Tercer Reich: Ucrania, EEUU y los Biolaboratorios: Arnaldo Pérez Guerra www.liberacion.cl
  • juanjo Jul 21, 22:27 en Reseña de Filosofía de los pueblos originarios, de VV. AA.(Raúl Trejo y Obed Frausto Coord., Bajo Tierra Ediciones, 2022) Una experiencia de diálogo intercultural: Muy bien dicho amigo. Saludos desde aqui!
  • Delfina Jul 16, 18:13 en Reseña de Filosofía de los pueblos originarios, de VV. AA.(Raúl Trejo y Obed Frausto Coord., Bajo Tierra Ediciones, 2022) Una experiencia de diálogo intercultural: Para ellos nuestras historias son mitos, nuestras doctrinas son leyendas, nuestra ciencia es magia, nuestras creencias son supersticiones, nuestro arte es artesanía, nuestros juegos, danzas y vestidos son folclore, nuestro gobierno es anarquía, nuestra lengua es dialecto, nuestro amor es pecado y bajeza, nuestro andar es arrastrarse, nuestro tamaño es pequeño, nuestro físico es feo, nuestro modo es incomprensible. Subcomandante Insurgente Marcos (Milpa Alta. 09 de marzo 2001) Gracias Vitalio por despertarme el hambre feroz de conocimiento. Gracias por la reseña de este libro que espero pronto leer.

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