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1826: El año en que Bolívar desafió a la Doctrina Monroe

28/06/2026 by Vitalio Deja un comentario

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Por: Francisco Ameliach

 

El año 1826 debió ser el de la consagración del proyecto integracionista de Simón Bolívar. Con la independencia de América del Sur prácticamente consolidada, tras las batallas de Junín y Ayacucho, el Libertador visualizó un continente unido, fuerte y capaz de competir de igual a igual con las potencias imperiales de la época. Sin embargo, la historia tomó un rumbo muy distinto. En lugar de la gloria de la unión, 1826 se convirtió en el epicentro de un terremoto político que hirió de muerte a la Gran Colombia.

Para entender la magnitud del desastre, es necesario conectar tres cables de alta tensión que cruzaron ese año: el Congreso Anfictiónico de Panamá, la rebelión separatista de La Cosiata en Venezuela, y la irreconciliable fractura ideológica entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.

Congreso Anfictiónico de Panamá

El 22 de junio de 1826 se instaló el Congreso Anfictiónico de Panamá. La meta era ambiciosa, tenía tres objetivos fundamentales:

Crear un ejército común.

Una ciudadanía continental.

Un tribunal de arbitraje.

Sin embargo, el congreso nació debilitado. Mientras los delegados debatían en el istmo, la Gran Colombia —el país convocante— se desgarraba internamente en luchas intestinas. Las naciones asistentes notaron de inmediato esta debilidad, lo que sepultó la credibilidad del evento.

La Cosiata y el boicot de Santander

Dos meses antes, en abril de 1826, estalló en Valencia la rebelión de La Cosiata, liderada por el general José Antonio Páez. Este movimiento separatista fue el producto de intrigas y manejos maquiavélicos ocultos propiciados desde Bogotá por Santander.

En medio de este caos, el general Rafael Urdaneta no estuvo en las mesas diplomáticas de Panamá, pero su rol fue el de un estratega político y militar en el frente interno. Desde el Congreso en Bogotá y las provincias, Urdaneta se opuso radicalmente al separatismo de Páez y sirvió de contrapeso a la facción santanderista. Fue el aliado más leal que tuvo Bolívar para intentar mantener a flote la estructura de la república mientras todo se derrumbaba.

La verdadera temperatura de esta crisis no quedó registrada en las actas oficiales, sino en la correspondencia privada. A lo largo de 1826, Bolívar mantuvo un intercambio epistolar dramático con Urdaneta. Estas cartas son hoy una referencia histórica fundamental para entender el colapso del proyecto de la confederación de naciones.

En estos documentos —custodiados y compilados en los archivos históricos de la correspondencia del Libertador (como las Memorias del General O’Leary o los compendios de Cartas del Libertador, Vicente Lecuna)— se observa la gran preocupación de Bolívar ante la desintegración de su sueño de unidad. En las cartas se resaltan los siguientes tres aspectos:

El diagnóstico de la traición: En sus misivas de mediados de 1826, Bolívar le confiesa a Urdaneta su dolor por el rumbo del gobierno de Santander, señalando que «mientras nosotros buscamos la unión americana en Panamá, en el centro de la República se siembra la división».

El terror a la anarquía: Al enterarse del avance de La Cosiata, Bolívar escribe a Urdaneta calificando el movimiento de Páez como «una herida de muerte», mostrando su angustia a que los sacrificios de la independencia terminaran en la disolución total del Estado.

El anuncio del retorno para “salvar lo que se pueda”: Hacia finales de año, constatando el fracaso en Panamá, Bolívar le confirma a Urdaneta su regreso inminente a Caracas bajo una premisa: «Voy para allá a salvar lo que se pueda de este naufragio», pidiéndole explícitamente su apoyo militar.

Bolívar ante las dificultades

El destino de 1826 parecía sellado por la tragedia, pero fue ahí donde emergió la estatura de Simón Bolívar como un estadista dispuesto a todo por evitar el caos. Al constatar que el Congreso de Panamá no lograría sus objetivos y que Venezuela ardía bajo la rebelión de Páez, el Libertador tomó el control de la situación con acciones drásticas y pragmáticas.  Dejó el Perú y viajó al norte para ponerse al frente de la tormenta. Lejos de buscar un baño de sangre que habría desintegrado la república de inmediato, Bolívar priorizó la paz social. En una decisión sumamente audaz y polémica, otorgó una amnistía general a José Antonio Páez y a los rebeldes de La Cosiata. Con este movimiento de alta política, Bolívar logró tres objetivos vitales a corto plazo:

Frenó en seco la separación inminente de Venezuela.

Ahogó los brotes de anarquía que amenazaban con destruir las instituciones.

Evitó una devastadora guerra civil entre hermanos que habría dejado al continente indefenso.

Aunque esta tregua enfureció definitivamente a Santander y fracturó el orden legal de Bogotá, para Bolívar la supervivencia de la unión nacional y la paz continental estaban por encima de cualquier formalismo jurídico.

La perseverancia de Bolívar por mantener la cohesión en 1826 no era un capricho centralista; respondía a una profunda y profética visión geopolítica. El Libertador entendía perfectamente que la fragmentación en pequeñas repúblicas débiles y enfrentadas sería presa fácil para las ambiciones de las potencias extranjeras.

La Doctrina Monroe

Tres años antes, en 1823, Estados Unidos había proclamado la Doctrina Monroe bajo el lema «América para los americanos». Bolívar, con una lucidez asombrosa, detectó el peligro oculto detrás de esa aparente postura protectora: la advertencia de Washington no era para defender la independencia de los pueblos del sur, sino para marcar su propio territorio de expansión y hegemonía futura.

Por eso, el fracaso del Congreso de Panamá y las grietas causadas por La Cosiata dolieron tanto en el alma del proyecto bolivariano. Bolívar sabía que la única manera de hacerle frente al naciente imperialismo del norte y evitar que Latinoamérica se convirtiera en el «patio trasero» de nadie, era presentándose ante el mundo como un solo bloque compacto, una sola gran nación confederada.

A dos siglos del convulso 1826

A dos siglos de aquel convulso 1826, el eco de ese año sigue resonando. Las acciones de Bolívar para contener la anarquía nos recuerdan que la integración latinoamericana no es una utopía romántica del pasado, sino una necesidad histórica y estratégica absolutamente vigente para garantizar la soberanía de nuestros pueblos.

Doscientos años después, la Presidenta (E) Delcy Rodríguez asume las mismas prioridades que Bolívar:

Evitar la disolución total del Estado.

Preservar la paz interna.

Evitar la anarquía y la guerra civil.

En el preliminar de El Libro Azul, Hugo Chávez, dice: “…nuestros pueblos se han ido alejando cada vez más de sus raíces históricas, allí donde seguramente se encuentran las claves para descifrar el terrible enigma que nos mantiene en un ir y venir por el abismo de la historia…”.

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Publicado en: AmericaLatina, Cultural, Economía, EEUU, Global

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