Entrevista con: Daniele Obono
Con la Agrupación Nacional al frente de las encuestas en Francia, Danièle Obono sostiene que solo una coalición arraigada tanto en la política de clase como en el antirracismo puede derrotar a la extrema derecha.
En menos de un año, Francia acudirá a las urnas para elegir a un nuevo presidente. Dos de las figuras dominantes de la política francesa de la última década no aparecerán en las papeletas. La Constitución impide al presidente Emmanuel Macron presentarse a un tercer mandato consecutivo, mientras que Marine Le Pen, dirigente de la Agrupación Nacional (RN, antes Frente Nacional), ha sido inhabilitada para competir tras ser condenada por malversación de fondos. En su lugar, Jordan Bardella, presidente de la RN de treinta años, encabeza las encuestas tanto para la primera como para la segunda vuelta.
La izquierda francesa, sin embargo, continúa dividida. El relativo éxito del Nuevo Frente Popular (NFP), la alianza electoral que reunió a gran parte de la izquierda en 2024 y se convirtió en el bloque más numeroso de la Asamblea Nacional, ha dado paso a tensiones crecientes entre las fuerzas que lo integran, en particular entre La Francia Insumisa (LFI), liderada por Jean-Luc Mélenchon, y el Partido Socialista (PS).
Thomas Glasman, de Tribune, conversó con Danièle Obono, diputada de LFI por París desde 2017 y una de las voces antirracistas e internacionalistas más destacadas del partido. Hablaron sobre la fragmentación de la izquierda francesa, el auge de la racialización de la política y las formas de enfrentar a una extrema derecha cada vez más poderosa.
THOMAS GLASMAN
En Gran Bretaña, muchos integrantes de la izquierda socialista vieron el éxito del NFP en 2024 como un modelo de la manera en que una izquierda fragmentada podía unirse contra la extrema derecha. Sin embargo, desde entonces la alianza se ha visto sometida a tensiones cada vez mayores, y LFI se presentó de forma independiente en las últimas elecciones por primera vez. ¿Qué provocó estas divisiones y cómo evalúa el estado actual de la izquierda francesa?
DANIÈLE OBONO
Desde la formación del NFP, hemos estado enfrentados a los sucesivos gobiernos alineados con Macron. Aunque el NFP emergió de las elecciones de 2024 como el mayor bloque parlamentario, Macron nombró primer ministro a Michel Barnier. Tras la caída de su Gobierno, el PS decidió apoyar al Ejecutivo centrista de François Bayrou para facilitar la aprobación del presupuesto. Esa fue la causa inmediata de la división dentro del NFP, pero la razón de fondo es política.
François Hollande, expresidente del país por el PS, quiere orientar al partido hacia una alianza entre el centroizquierda y el centroderecha. Ha dicho abiertamente que lamenta no haberlo transformado en una organización más parecida al Nuevo Laborismo de Tony Blair o al Partido Demócrata estadounidense. El ala derecha del PS aprovechó este momento para abandonar el NFP, una coalición que nunca había aceptado por completo, pero que necesitó para ganar las elecciones.
Esa estrategia ha dejado aislado al PS. Nuestras mociones de censura contra los gobiernos macronistas fueron respaldadas por LFI, los Verdes y el Partido Comunista Francés. Más importante aún, el apoyo popular al NFP sigue siendo fuerte, incluso entre muchos votantes socialistas. Esto se reflejó en las elecciones municipales, en las que formamos alianzas locales exitosas con los comunistas, los Verdes y, en algunos casos, el PS. Ganamos Saint-Denis junto a los comunistas, estuvimos cerca de imponernos en Toulouse con François Piquemal y obtuvimos buenos resultados junto a los Verdes en Nantes.
En el plano nacional, los Verdes se han acercado a los socialistas, como hicieron anteriormente los comunistas. En el ámbito local, sin embargo, las divisiones son menos pronunciadas. Las elecciones municipales mostraron que LFI está cobrando impulso. Seguimos siendo un movimiento joven, con relativamente pocos cargos electos, pero logramos crecer mientras los Verdes y los socialistas perdían terreno.
Nuestra posición continúa siendo la unidad alrededor del programa adoptado en 2024. Hemos propuesto formalmente retomar la cooperación con los Verdes y los comunistas, y creo que la coalición puede reconstruirse antes de las elecciones presidenciales. A pesar de los obstáculos, pretendemos mantener el rumbo que seguimos desde 2017 y que ha demostrado repetidamente su eficacia.
TG
LFI ha sido la principal fuerza de la izquierda francesa en las elecciones presidenciales desde 2017, pero el PS conserva un poder considerable en el ámbito local, con bastiones en ciudades como París y Marsella. ¿El modelo organizativo más descentralizado de LFI ha dificultado la construcción de una implantación local duradera como la que mantiene el PS?
DO
Creo que la historia es un poco diferente. El PS se construyó desde los gobiernos locales y, a lo largo de más de un siglo, acumuló una red de cargos electos y dirigentes territoriales que todavía ejercen una influencia considerable. LFI, en cambio, surgió prácticamente de la nada hace diez años. Simplemente no hemos tenido el mismo tiempo para echar raíces.
También es importante no confundir el poder local con el nacional. La derecha tradicional obtuvo buenos resultados en las elecciones municipales, pero tiene muy poca presencia en la Asamblea Nacional y su candidato presidencial consiguió menos del cinco por ciento de los votos. La relación entre ambas escalas de la política ya no es tan directa como antes.
Nuestra estrategia ha consistido en identificar las zonas donde obtenemos buenos resultados electorales y construir allí estructuras territoriales. En ese sentido, hemos progresado mucho. En 2017, LFI tenía diecisiete diputados; en 2022, ya contaba con setenta y uno. En vez de apoyarnos en bastiones locales para conseguir representación parlamentaria, a menudo recorrimos el camino inverso: primero ganamos escaños y luego creamos organizaciones locales alrededor de ellos.
Puede parecer contraintuitivo, pero esto refleja el estado peculiar de la política contemporánea. Da cuenta de una crisis más amplia de la representación política en Francia, y quizá también en otros países, donde las estructuras partidarias tradicionales ya no funcionan como antes.
TG
LFI obtuvo buenos resultados en las elecciones municipales y conquistó alcaldías por primera vez, destacándose Nîmes y Saint-Denis. Sin embargo, la RN también creció y continúa encabezando las encuestas nacionales. ¿Cuál es la estrategia de LFI para combatirla, especialmente en las zonas obreras y rurales donde ha conseguido algunos de sus mayores avances?
DO
Es cierto que la extrema derecha también progresó en las elecciones municipales, pero esto representa la culminación de más de dos décadas de crecimiento político desde la irrupción de Jean-Marie Le Pen en 2002. Bardella cuenta además con el respaldo de poderosos intereses mediáticos y empresariales. Algunos sectores de la clase dominante francesa han llegado a la conclusión de que la extrema derecha es el mejor instrumento para preservar su posición dentro del orden social. Esta realidad vuelve aún más importante reconstruir el bloque popular que resultó tan eficaz en 2024, cuando el NFP impidió lo que muchos presentaban como una inevitable victoria ultraderechista.
Nuestro análisis sostiene que la política francesa se organiza alrededor de tres grandes bloques: uno de extrema derecha, otro liberal-autoritario articulado por el macronismo y nuestro propio bloque popular. Pero existe también un cuarto grupo: los millones de personas que no votan. Creemos que allí se encuentra el camino de la izquierda hacia la victoria.
Por eso nuestra estrategia se concentra en atraer a quienes se abstienen mediante un programa que responda directamente a la crisis del costo de vida, con medidas como el control de precios y el aumento de los salarios. Queremos establecer un contraste claro con la extrema derecha, que se presenta como antisistema pese a mantener estrechos vínculos con los intereses de las grandes empresas.
Al mismo tiempo, rechazamos que las cuestiones sociales puedan separarse de las raciales. La extrema derecha intenta racializar los problemas sociales y convertir el malestar económico en hostilidad contra los migrantes y las minorías. Nuestra respuesta combina una política de clase con el antirracismo, partiendo de que la raza y la clase suelen estar profundamente entrelazadas. Queremos movilizar a los trabajadores, los jóvenes y las comunidades racializadas detrás de un programa común de transformación social, manteniendo una oposición intransigente al racismo.
Sabemos que no convenceremos a todo el mundo. Pero, si conseguimos incorporar a la participación política a una proporción importante de quienes hoy se abstienen, particularmente entre los sectores más pobres y racializados de la sociedad, creemos que la izquierda puede llegar a la segunda vuelta y finalmente conquistar el poder.
TG
Su compañera Nadège Abomangoli sostiene que Europa está pasando de un contrato social a un contrato racial, en el que los derechos reconocidos a las personas dependen cada vez más de su identidad racial y su origen. Sin duda, hemos visto crecer esta dinámica en Inglaterra. ¿Hasta qué punto observa un proceso similar en Francia? ¿Y en qué se diferencia la política de extrema derecha de Bardella de la de Marine Le Pen, cuya estrategia de dédiabolisation o «desdemonización» contribuyó a insertar a la RN en la corriente política dominante?
DO
Bardella y Le Pen representan tendencias diferentes dentro de la extrema derecha francesa y, por el momento, la de Bardella parece imponerse, entre otras razones porque probablemente Le Pen quede inhabilitada para ejercer cargos públicos tras su condena. La estrategia de dédiabolisation de Le Pen, que buscaba distanciar al partido del legado de su padre y conferirle una apariencia más respetable, permitió a la RN construir una amplia coalición electoral, desde sectores de la pequeña burguesía hasta votantes de la clase trabajadora.
Bardella, en cambio, representa una extrema derecha más cómoda con su alineamiento con la derecha neoliberal. Pese a su retórica antisistema, la RN se ha situado sistemáticamente del lado de los intereses empresariales en cuestiones económicas fundamentales, como el rechazo a los aumentos del salario mínimo. En ese sentido, está cada vez más integrada en el orden político y económico dominante.
En cuanto a la cuestión racial, figuras como Éric Zemmour son quienes han llevado más lejos una política explícitamente racializada. Su presencia ha contribuido a normalizar a la RN, que parece moderada en comparación. A su vez, los intentos del centroderecha de competir con la extrema derecha han provocado que la retórica islamófoba y antiinmigratoria ya no esté circunscrita a la RN. Buena parte de ella es formulada por los gobiernos de Macron y otros sectores de la derecha tradicional, y luego amplificada por los medios de comunicación.
Nuestra propia comprensión de la raza ha tenido que evolucionar como respuesta. En la actualidad, las cuestiones raciales e identitarias se emplean para dividir a la sociedad y construir alianzas que se extienden desde el centroderecha hasta la extrema derecha, particularmente alrededor de la islamofobia y la equiparación del islam con el islamismo. Esto permite reunir a diferentes grupos sociales detrás de una misma lógica de exclusión. Por esa razón desarrollamos una estrategia que articula el antirracismo con las demandas sociales y económicas, en vez de tratarlos como asuntos separados.
TG
¿Podría explicar el proyecto de ley Yadan, retirado recientemente de la Asamblea Nacional? Aunque fue presentado como una medida contra el antisemitismo, sus críticos sostenían que amenazaba la libertad de expresión y confundía el antisemitismo con las críticas al Estado de Israel. Usted participó en la redacción de una resolución para oponerse al proyecto. ¿Cuáles eran las objeciones de LFI y cómo aborda el partido la lucha contra el antisemitismo de manera más general?
DO
Su retirada es, sin duda, una victoria para nosotros. El proyecto se preparaba desde el año pasado y superó la etapa de comisión, en parte gracias a las abstenciones socialistas. Sin embargo, la oposición fue enorme: más de setecientas mil personas firmaron peticiones en su contra en el sitio web de la Asamblea Nacional, mientras que organizaciones de defensa de las libertades civiles, grupos de derechos humanos y cinco relatores especiales de la ONU expresaron serias objeciones.
Su derrota es importante, sobre todo mientras continúa el genocidio en Gaza. De haberse aprobado, creemos que habría proporcionado una poderosa herramienta jurídica y política a quienes buscan proteger a Israel de las críticas. Pero no nos hacemos ilusiones: el problema no ha desaparecido. Mientras el Gobierno israelí continúe cometiendo crímenes en Palestina, habrá sectores del establishment político que presionarán para restringir las críticas a Israel. Por eso seguimos atentos y preparándonos para nuevas batallas en este terreno.
También por esa razón redacté una resolución sobre la lucha contra el antisemitismo. En la actualidad, se intenta presentar al propio movimiento antirracista como antisemita mediante la teoría del «nuevo antisemitismo», según la cual este ya no sería principalmente un problema de la extrema derecha, sino de los musulmanes, las minorías étnicas y la izquierda radical debido a sus críticas a Israel. Rechazamos ese análisis. La extrema derecha sigue siendo una fuerza estructuralmente racista y antisemita, pero se nos dice cada vez con mayor frecuencia que la amenaza principal procede de los habitantes de las banlieues o de los militantes de izquierda que defienden los derechos del pueblo palestino.
Este enfoque equipara al pueblo judío con el Estado de Israel y sus acciones, y sirve además para deslegitimar a los adversarios políticos. No es un debate planteado de buena fe. Vimos dinámicas similares en Gran Bretaña durante la década de 2010; la misma estrategia se aplica hoy contra Zohran Mamdani en Nueva York y aparece también en otros lugares. Desde nuestro punto de vista, sería un error responder moderando nuestras posiciones. Debemos seguir combatiendo el antisemitismo y cuestionar, al mismo tiempo, los intentos de instrumentalizarlo con fines políticos.
Nuestra resolución pretende servir como herramienta de resistencia y de formación política. El antisemitismo posee una historia y unas características específicas, pero sigue siendo una forma de racismo. Aislarlo por completo de las demás expresiones del racismo corre el riesgo de ocultar las estructuras generales que sostienen la discriminación. Si formamos a nuestro movimiento en su historia, sus mecanismos y sus manifestaciones contemporáneas, podremos combatirlo con mayor eficacia como parte de una lucha antirracista universal.
Sobre el entrevistador. Thomas Glasman es miembro del sindicato UCU y del Partido Laborista.l
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