Por: Carlos Penharanda Pinto
El pasado 8 de octubre de 2026, el diario Los Tiempos publicó un editorial titulado “No le debe el cargo a nadie”. En él, se afirma que el Fiscal General Interino José Armando Urioste Viera posee una virtud republicana excepcional: su supuesta independencia de cualquier deuda política. El texto concluye que “el no deberle nada a nadie le da un impulso que probablemente sus antecesores no tuvieron”.
Este editorial, es una operación ideológica de emergencia, para deconstruirla, necesitamos herramientas teóricas que nos permitan ver lo que se dice, pero también lo que se intenta ocultar, es decir, la maquinaria de articulación de consenso que opera en los medios hegemónicos cuando el sistema está en crisis.
Los Aparatos Ideológicos del Estado: El periódico como gendarme simbólico
Louis Althusser, en su célebre texto Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado (1970), distingue entre los Aparatos Represivos del Estado (policía, ejército, tribunales) que funcionan preponderantemente “por la violencia”, y los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) que funcionan predominantemente “por la ideología”. Entre estos últimos, Althusser identifica a la prensa, la radio, la televisión y el sistema educativo como instituciones que tienen como función reproducir las relaciones sociales de producción, es decir, asegurar que la dominación de clase se perpetúe sin necesidad de recurrir permanentemente al uso de la fuerza bruta.
El editorial de Los Tiempos es un ejemplo de cómo opera un AIE en situación de crisis. Cuando la realidad material es insoportable (un fiscal que confiesa en CNN que un empresario lo postuló, denuncias de pagos con QR en la ALP, una “Guerra de expedientes” que expone la podredumbre del sistema), el aparato ideológico (en este caso la prensa) no puede negar los hechos. Lo que hace es reencuadrarlos, tomando la frase de control de daños de Urioste (“no le debo nada a nadie”) y la eleva a la categoría de virtud cívica.
La intención de esta editorial no es informar, sino producir una representación tergiversada de la realidad que permita a la elite dominante y a los sectores de poder mantener la apariencia de institucionalidad mientras archivan las investigaciones incómodas (narcomaletas, narcomaderas, narcoavionetas, Cerimedo) y ejecutan los ajustes del FMI. La función ideológica del periódico actúa a través de lo que Althusser denominó como interpelación, es decir, constituyendo a los individuos o ciudadanos en sujetos despojados de su capacidad crítica y enfocados en la superficialidad de las formas antes que en su contenido.
La fabricación del “sentido común” y la crisis de hegemonía
Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la Cárcel, desarrolla el concepto de hegemonía, la cual consiste en la capacidad de la clase dominante de imponer su visión del mundo como “sentido común”, es decir, como la forma natural, obvia e incuestionable de entender la realidad. Pero Gramsci también advierte que la hegemonía no es estable, hay momentos de crisis en donde, dependiendo de su grado de agudización, el “sentido común” se quiebra y la clase dominante debe recurrir a operaciones de emergencia para reconstruirlo.
El editorial de Los Tiempos es exactamente eso, una operación de emergencia para reconstruir un sentido común a favor del statu quo que se hace pedazos al profundizar la crisis y no darle una solución.
¿Cuál era la percepción general sobre la designación del fiscal general interino? Que Urioste fue impuesto por un operador corporativo privado, que su elección fue financiada con pagos QR, que su llegada al cargo es el resultado de una transacción mercantil. Un sentido común alternativo que emerge de la experiencia material de millones de bolivianos que ven cómo el Parlamento funciona como una bolsa de valores o un mercado de votos. Algo que la editorial intenta revertir y toma la frase de Urioste (“no le debo nada a nadie”) y la presenta no como una contradicción con su confesión en CNN, sino como una prueba de su “independencia”. El objetivo es hacer que el ciudadano acepte como “normal” que un fiscal que llegó al cargo por intermediación empresarial sea presentado como un “renovador institucional”.
Gramsci diría que esto es hegemonía defensiva, aquella situación en donde la dominación ya no puede sostenerse por consentimiento activo o pasivo y la clase dominante debe recurrir a operaciones ideológicas o simbólicas cada vez menos transparentes para mantener la ficción de legitimidad. La editorial no busca convencer a los críticos, busca desmovilizar a los indecisos, crear una narrativa que permita a los sectores medios decir “bueno, al menos no es como los anteriores” y así normalizar lo inaceptable.
El habitus del periodista y la reproducción del campo de poder
Pierre Bourdieu, en Sobre la Televisión y otros textos, define el habitus como el conjunto de disposiciones internalizadas que hacen que los agentes sociales actúen de ciertas maneras sin necesidad de reflexión consciente. En el campo periodístico, el habitus del periodista hegemónico está estructurado por su posición en el campo de poder que depende de las fuentes oficiales, de la publicidad estatal o privada, de los círculos de élite a los que aspira pertenecer.
La editorial mencionada, como otras más que circulan a nivel nacional, no es producto de la “mala fe” individual de sus redactores. Es el resultado del habitus periodístico que reproduce las relaciones de poder. El periodista que escribe este editorial no necesita que nadie le ordene defender a Urioste, pues su posición en el campo (su dependencia de las fuentes oficiales, publicidad, su necesidad de mantener acceso a los círculos de poder, su formación en una tradición periodística que privilegia la “estabilidad institucional” sobre la justicia social) lo lleva espontáneamente a producir este tipo de textos.
Bourdieu llama a esto violencia simbólica, la cual se expresa en la imposición de significados que legitiman el orden dominante, pero que son percibidos como legítimos tanto por los dominadores como por los dominados. Cuando el editorial dice que Urioste “no le debe nada a nadie”, está ejerciendo dicha violencia pues está imponiendo una definición de la realidad que borra la experiencia material de millones de bolivianos que saben que dentro del sistema en que vivimos casi todos le deben algo a alguien si quieren llegar a un cargo de esa envergadura.
El habitus del periodista hegemónico lo hace incapaz de ver la contradicción entre la confesión de CNN y la afirmación de “independencia” o, en todo caso, lo justifica. No es que no la vea, es que su posición en el campo de poder lo lleva a naturalizar esa contradicción, a tratarla como un “detalle” que no afecta la “esencia” del fiscal como “renovador institucional”.
La interpelación ideológica: ¿Cómo el editorial convierte al ciudadano en cómplice?
El editorial, interpela al ciudadano de una manera muy específica. Le dice “tú, que estás cansado de la corrupción, mira, aquí hay un fiscal que no le debe nada a nadie”.
Esta interpelación tiene un efecto perverso, ya que convierte al ciudadano en cómplice de su propia dominación. Al aceptar la narrativa del editorial, el ciudadano deja de cuestionar las condiciones materiales que hicieron posible la elección de Urioste (QR, intermediación empresarial, mercado legislativo, entre otras) y se concentra en la “virtud individual” del fiscal.
El editorial toma la crítica (“Urioste llegó por intermediación empresarial”) y la invierte (“sí, pero mira, él dice que no le debe nada a nadie, así que es independiente”). La crítica es neutralizada, y el sistema puede continuar funcionando.
La realidad material contra la ficción narrativa
Frente a esta operación ideológica, debe recordarse que la realidad material es obstinada. Y los hechos son:
1. Frente a la confesión de Urioste en CNN, de que un “amigo empresario” le pidió el currículum, Diego Ávila (presidente de la Cámara de Senadores) salió a los medios con una justificación que, lejos de limpiar el proceso, lo incriminan aún más. El titular del Senado reveló que Urioste fue propuesto, junto con otros nombres, directamente por el presidente Rodrigo Paz. Con esta declaración, Ávila trata de desplazar la narrativa del empresario oscuro de trastienda exponiendo involuntariamente la estructura real del poder.
2. La senadora Ana María Crispín denunció, mediante un vídeo, pagos con QR a legisladores por parte de representantes del “Escudo de las Américas”.
3. La elección de Urioste se produjo en medio de una “Guerra de expedientes” entre la dinastía de los Paz y el destituido fiscal Mariaca, donde el objetivo no era la justicia, sino la supervivencia política.
4. El propio presidente Rodrigo Paz organizó un acto de “reconocimiento” a Urioste en Palacio Quemado antes de su posesión formal, evidenciando la subordinación del fiscal al Ejecutivo.
Decir que Urioste “no le debe nada a nadie” es una ficción ideológica que contradice la experiencia material. Urioste le debe su cargo a las fracciones de poder que acordaron su nombre como punto de equilibrio. Le debe su cargo al operador corporativo que movió los hilos. Le debe su cargo a la dinastía de la familia Paz, que lo usa como escudo contra las investigaciones incómodas. Le debe su cargo a la geopolítica del “Escudo de las Américas”, que requiere un fiscal dócil para garantizar la subordinación del país a su política internacional.
Conclusión
El periódico no está describiendo a Urioste; está fabricando un Urioste de papel para que el público lo consuma. Este y otros medios de (des)información ha creado un mapa tan perfecto que intenta ocultar que la justicia boliviana está en ruinas. Al repetir la frase “no le debe nada a nadie”, el editorial busca que el simulacro se imponga sobre la evidencia empírica, anestesiando a la ciudadanía con una ficción reconfortante.
No se trata de decir “el periódico miente”. Se trata de demostrar cómo el periódico produce una verdad funcional al capital. Nadie que necesita que un “amigo empresario” pase su currículum a los legisladores puede, al mismo tiempo, afirmar que “no le debe nada a nadie”. Esa frase no es una declaración de independencia; es la confesión final de su dependencia y el periódico que la aplaude no es un observador neutral, sino el departamento de relaciones públicas de la oligarquía en crisis.
La fantasía de un “fiscal general independiente y meritocrático” es el pegamento ideológico que sostiene la fachada del Estado de Derecho. Urioste no es independiente ni del empresariado ni del Presidente, porque debe lealtad a alguno de ellos o ambos. Estos últimos hechos destruyen la tesis del editorial de Los Tiempos de que el fiscal “no le debe el cargo a nadie”.
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