Por: Rafael Bautista
Ante la inminente imposición de un nuevo estado de excepción e incurriendo en una flagrante invalidación de la propia Constitución (ya que no se puede dictarlo dos veces en una gestión y tampoco se puede realizar cambios constitucionales mientras dure), el gobierno tiene la urgencia de realizar cambios en ella, para posibilitar reformas estructurales, obedeciendo a las condiciones del FMI. Esto reavivará el rechazo popular y, sabiendo eso, ha decidido comprar –por 30 denarios– a la Asamblea legislativa, para lograr la mayoría absoluta que necesita para hacerla corresponsable de semejante medida anticonstitucional.
No le queda otra al gobierno que, cuantos más compromisos adquiere, más hipoteca la suerte de nuestro país. Su popularidad está por el piso y su improvisada presencia ya ha devenido en fatalidad política. Lo único que le queda es el respaldo condicionado de Washington y, por lo que se ve, ya hay una agenda escondida que nunca expuso, mientras era candidato el actual mito-maniaco presidente que tenemos.
El panorama que se viene, mientras insista –lo más que pueda– su presencia gubernamental, no es nada halagüeño. En tal situación, conviene aclarar ciertas presunciones analíticas y desmontar la escenografía, sobre todo geopolítica, que ha coludido intereses y cálculos fatales que han arrinconado nuestras opciones como país, dejándonos casi ningún margen de acción, en una región además tomada como rehén en la disputa geopolítica que acomete Washington.
Vayamos primero desfondando el fetichismo institucionalista de los analistas mediáticos, que creen ingenua e irresponsablemente que las instituciones son neutrales y existen para garantizar la convivencia democrática de los Estados. Por eso se creen la consigna del “too big to fail”: no se puede hacer caer algo que soporta el peso de todo (cuando es al revés, por eso, lo que se quiere preservar a toda costa y que arrastra a los países a su ruina, es lo realmente imposible de mantener).
DEL FETICHISMO DE LA LEY AL FETICHISMO DEL MERCADO
Fueron los Bancos privados los que acuñaron esta regla: “too big to fail”; para inventar una obligación ineludible que dictamina que, puede sacrificarse todo, con tal que permanezca con vida aquello que, desde el siglo XVI, ya era descrito como un fetiche: ese terrible y “poderoso caballero, don Dinero”[1]. Por eso los Bancos cumplen la función sacerdotal del nuevo Dios sustitutivo, mientras la política administra la vigencia de los Estados, hechos a imagen y semejanza del fetiche moderno por excelencia[2].
Después el Imperio adoptará el “síndrome Sansón”; el mismo argumento que usa, ahora, la burocracia política[3], amenazando con el colapso estatal y nacional si no se preservan las instituciones consideradas “sagradas”. Todos son argumentos fetichistas que no toman en cuenta (y entran en autocontradicción) el fundamento del campo y del poder político: la legitimidad inicial o soberanía originaria. Esto nos conduce necesariamente al debate acerca del fetichismo de la ley; ya que la irrupción excepcional de la legitimidad inicial o soberanía originaria, es lo que pone siempre en suspensión este fetichismo legalista[4].
El desarrollo burocrático de la ley genera toda una arquitectura institucional autárquica autorreferencial, que se concibe y diseña para la exclusiva preservación de las exenciones de su poder fetichizado. Administra el poder político; pero la clave de esa administración y lo que desarrolla, es el control. Sin control de lo que se administra no hay poder y el poder es la autoconsciencia misma de un control burocrático que, en su propio automatismo, puede prescindir de la voluntad humana. Por eso quienes pretenden el poder terminan sólo como sus brazos operativos y ejecutores.
Se trata de toda una racionalidad[5] que, en nombre de todo lo sagrado, viene produciendo las más grandes atrocidades. Todo politburó cede su poder a una más precisa burocracia política que, al modo empresarial, administra los intereses que compiten por todo el paquete accionario. No hay dueños absolutos, pues todos maniobran sus cuotas de poder y, a su vez, contienden sus márgenes de acción táctica y estratégica; pero la burocracia, ya autoconsciente de su control, es la beneficiada en esta competencia a vida o muerte, donde, o se gana o se muere[6].
En la búsqueda de la acumulación exponencial en todos los ámbitos y, mientras actores emergentes remueven la cartografía del poder, es cuando la geopolítica entra en juego, en la arena de las apuestas del capital global. Los desplazamientos geopolíticos se hacen sísmicos y la disputa de las esferas de influencia generan un nuevo rediseño del tablero global.
Por eso, el verdadero poder no lo constituye una supuesta élite mundial (los capitales compiten entre ellos, se enfrascan en una lucha intestina, como una bestia de muchas cabezas que pelean entre sí[7]). Porque el poder no es un algo que se pueda poseer como una cosa, sino una relación asimétrica de transferencia de voluntad[8]. La burocracia política es el poder aparente, pero estos responden a un ámbito administrativo, sobre todo financiero, de los capitales beneficiados en la curva acumulativa-concéntrica del capital global. En ese sentido, el poder aparece impersonal (aunque no ausente de protagonistas), que sugiere a las más imaginativas especulaciones, un ámbito oculto y lleno de misterios. Pero el misterio está en otro lado y se puede descodificar según una teoría crítica del fetichismo; esto es y, siguiendo a Walter Benjamin: el capitalismo como religión.
En ese sentido es que, el poder se nos aparece como un pan-óptico global, como el ojo de Dios, cuando, en realidad, es consecuencia de toda una racionalidad que produce irracionalidades; una lógica que, por inercia, es consecuencia del automatismo del mercado-centrismo, el mercado como Dios sustitutivo. Esta lógica se activa siempre a la sombra de una política de no intervencionismo; es decir, su automatismo exige que ningún tipo de regulación afecte su propio auto-desenvolvimiento. De ese modo, el fetichismo del mercado, como auténtica religiosidad neoliberal, nos ha llevado a una situación de servidumbre voluntaria, donde la IA es la representación más precisa de esta racionalidad irracional, que apunta a prescindir de la humanidad, no como una premisa falazmente evolutiva sino como lo deducido de algoritmos que, por ecuaciones del propio automatismo del mercado, desplaza las decisiones humanas y se dedica a perfeccionar las tecno-logías de punta, según exigencias sistémicas[9].
LA GUERRA INFINITA
Una racionalidad que produce consecuencias irracionales es el poder impersonal que atraviesa hasta las decisiones de las potencias enfrentadas. El orden unipolar es ese poder y el Imperio, aunque en decadencia, es su manifestación operativa y ejecutora. Un verdadero mundo multipolar podría relativizar ese poder, o sea, diluir sus premisas y detener progresivamente la transferencia global de valor, es decir, la sangría exponencial del Sur al Norte, de la periferia al centro, que precisa de una acumulación en términos infinitos (aunque sea imposible empíricamente). La relativización de ese poder es lo que determinaría la validez de la transición civilizatoria, su sentido y direccionalidad.
Porque los recursos no son infinitos, son finitos. La riqueza que precisa esta desmesurada e ilimitada ambición, tiene límites, que se manifiestan en las contingencias de la vida. De la certeza de su vulnerabilidad se deduce, lógica y empíricamente su valía: es valiosa por ser finita[10]. Por eso, porque los recursos son finitos, las necesidades del desarrollo y progreso del capital, apuestan por la guerra, siendo el lucro que hace de la riqueza poder; porque la guerra no es un negocio más que aporta ganancias extraordinarias a la tasa de acumulación del capital sino porque instituye control del espacio, diagramando jerárquicamente el espacio vital, las áreas de influencia, las cadenas de suministro y los corredores periféricos geoestratégicos, es decir, diseña la arquitectura del sistema-mundo pertinente a las prerrogativas de acumulación global del capital (la competencia de capitales es lo que se escenifica en disputas geopolíticas que muestran la naturaleza del capital global en pleno despliegue).
En ese contexto, el Imperio arrastra, por puro cálculo de ventajas comparativas, a países y regiones enteras a la guerra. Si el capital no crece continuamente, muere; por eso condiciona todo a ser simples mediaciones de su crecimiento exponencial (de eso depende el Imperio). Pero la guerra ya no es la usual externalización de las contradicciones del Imperio; por eso ahora se la vende envuelta en la mercancía más promovida hoy en día: la “democracia”.
Trump se halla en una trampa que él mismo ha provocado (por actuar anacrónicamente, como si el mundo seguiría siendo unipolar, y por ceder ante el AIPAC[11] y las pretensiones del sionismo judeo-cristiano), lo cual, podría provocar la transferencia de la guerra a sus propias fronteras. El complejo nuclear-posindustrial no puede reponer la hegemonía imperial sin guerras, incluso si éstas apunten a USA y Europa.
Ahora, si cede Trump en la guerra contra Irán, entonces enfrenta el riesgo mayor: colapsar definitivamente la hegemonía del dólar, en cuanto petrodólar. Mantener esa guerra es lo que le da un margen de acción que, desgraciadamente, también le fue otorgado (aunque con las maniobras que todavía puedan realizar las otras potencias envueltas) por la cesión del petróleo venezolano. En tal caso y, con las reservas de tierras raras que posee Sudamérica, provocar y diseminar una guerra en nuestra región (bajo pretexto de luchar contra el “narcoterrorismo”), y mientras se van dando las condiciones de enajenación absoluta de nuestros recursos estratégicos, el orden unipolar y la hegemonía del dólar, pueden todavía enfrentar el nuevo mundo multipolar que amenaza la existencia misma de Occidente[12].
Sólo de ese modo se respaldaría relativamente la moribunda geoeconomía del dólar, pues los BRICS (con Brasil a la cabeza, ya que se estaría jugándose su destino) tendrían también que realizar maniobras para no quedar a merced de un dólar (y todo el sistema institucional global que le respalda) fortalecido también relativamente. La historia geopolítica del sistema-mundo moderno tiene, de ese modo, un modus operandi que se hace, cada vez, más suicida: para evitar el colapso en USA –porque el centro siempre transfiere sus contradicciones a la periferia–, ahora transfiere su colapso a Sudamérica primero y después a toda Latinoamérica, sin tomar en cuenta el fuerte componente latino dentro de USA.
EL ESTADO NEOLIBERAL COMO CABALLO DE TROYA
Históricamente, siempre cuando el peligro es la existencia misma de la nación, es cuando aparece la necesidad de la excepcionalidad estatal y de la suspensión constitucional, o sea, la transferencia de las facultades de la legalidad institucional a la legitimidad inicial. Se trata de la emergencia de una verdadera concurrencia plural y democrática de restauración política, estatal y existencial. Por eso, la emergencia de una nueva constitución, en Bolivia, era la necesidad mas apremiante ante la constatación de que toda la institucionalidad estatal estaba diseñada (desde Washington) para preservar nuestra dependencia, atraso y naturaleza colonial.
Toda la élite política y académica fue adiestrada en los formatos de una consciencia periférico-satelital[13]. No sabiendo cómo superar esa su condición colonizada, ahora se propone desmantelar al Estado plurinacional y hacer, otra vez, de Bolivia, un lugar “atractivo” para las inversiones extranjeras. Por eso las condiciones del FMI[14] siempre conducen a la destrucción de la economía nacional para que el capital transnacional se cobije en ventajas estratégicas para despojar de un país todo lo que pueda. Por eso no es raro que se llame a ciertos fondos de inversión, que provocan y apuestan a la quiebra de los países (por mediación de su elite local): “fondos buitres”.
La presencia de Rubio en Ecuador y Perú no es casual sino suena a un ultimátum. Latinoamérica ya no es sólo el backyard del Imperio sino la carne de cañón delantera del laboratorio de reposición del orden unipolar (por eso el nombre: “escudo de las Americas”). Después de lo sucedido en Leipzig[15] (que se asemeja al modus operandi del operativo de falsa bandera del Nord Stream), la Federación Rusa y Alemania se encuentran al borde de un enfrentamiento que involucra inevitablemente a la OTAN. Lo mismo sucede con Inglaterra que, a su vez, desafía irresponsablemente a Rusia[16]. El presidente Putin lo dejó claro al contestar sobre la respuesta rusa ante estas provocaciones: “ese es un secreto militar”.
Recordemos que, por tratarse de una entidad militar conjunta, la OTAN activará todo su potencial en defensa de uno de sus miembros, lo cual significa el uso de material nuclear. Mientras que Washington ve, cómo su contención geoestratégica en Europa se complica, después del triunfo de Alternative für Deutschland o AfD (abiertamente pro-Rusia) en el Estado de Sajonia-Anhalt, en Alemania. Este triunfo incentivaría las opciones electorales tanto anti globalistas como anti Washington y en colisión con los intereses guerreristas del arco sionista anglo-sajón y la OTAN. El propio canciller Friedrich Merz (quien responde más a BlackRock que a su propio país), con el respaldo de Úrsula von der Layden y la élite atlantista, advierten a toda la Union Europea de este giro (el cual podría promover triunfos similares de opciones soberanistas anti anglo-sionistas en el resto de Europa). Lo cual moviliza a los tentáculos europeos del sionismo, a convertir a toda Europa en el nuevo escenario ofensivo contra la Federación Rusa y empujarla a la guerra nuclear.
LA FRAGMENTACIÓN DE UNA SUDAMÉRICA EN DISPUTA
La rebelión de los límites físicos del planeta tiene que ver con esta racionalidad que produce irracionalidades. Un mundo compartido es un imposible para el orden unipolar, que toma de rehén a Latinoamérica en esta lucha por la sobrevivencia de su hegemonía y coloca a nuestra región en una seria reedición de una balcanización, pero más extendida.
La alianza de intereses entre Brasil e India, ambos miembros de los BRICS, pone en evidencia que Lula, sabiendo que es el próximo que desea eliminar Washington, opta por las tierras raras que posee, ocupando el segundo lugar después de China[17], con el 23 % de reservas globales (21 millones de toneladas) y emplear esos recursos como disuasión estratégica frente a Washington.
Kissinger decía que, por donde va Brasil, va Sudamérica; pero esta vez se trata de una defensa unilateral, pues todos los países que le rodean ya son satélites gringos. De eso trata, entre otras cosas, la visita de Narco Rubio a Ecuador y Perú, además de reiterarles (y advertirles) su compromiso con la geoeconomía del dólar[18].
LA POBRE IZQUIERDA PROGRE
Como de costumbre, la izquierda progre, que acabó rifando la última ola de insurgencias populares, cree que reiterando sus dogmas de manual puede comprender el sentido y la superación de la crisis actual[19]. Busca inmerecidamente el relevo en el poder político, de nuevo sin autocrítica, sin evaluación y sin proyecto post capitalista. Cree que la red que ha expuesto Cerimedo basta para desmoronar a la ultra derecha.
El foro de Sao Paulo, la academia progre, y otros ámbitos de la izquierda globalista, fieles al guion imperial de promover a críticos funcionales al sistema, se dedican a reciclar figuras que, ejerciendo el poder político, en la llamada primavera democrática, fueron también responsables de este escenario y el posible desmoronamiento del campo popular.
Las luchas que plantea esta izquierda, están condenadas al fracaso, porque fueron imaginadas y pensadas en una realidad que ya no existe. Eran factibles, siendo hasta resistencia, cuando el capital era pura objetividad. Ahora no es sólo objetividad sino, sobre todo, subjetividad. Suponer una lucha popular sin actualización, en una situación existencial minada por la vigilancia operada con IA, significa que no se tiene la más mínima idea del sistema actual de control, no sólo social y político sino, sobre todo, del cómo funciona el poder en las condiciones actuales.
El sistema ya no es homogéneo, tampoco es la diagramada por la relación base-superestructura[20]. El poder ahora está construido sobre tecnología crítica avanzada, IA y vigilancia profunda. Desde el estallido de la burbuja financiera del 2008, queda evidenciado que el dólar es una versión magnificada y desarrollada de un esquema Ponzi, donde el despojo es una estafa en los esquemas clásicos del sistema de libre mercado. Pero en la ingeniería financiera del dólar-centrismo, como esquema Ponzi, la estafa misma es el sistema.
El capitalismo ha desarrollado tanto la producción y el consumo, que ha hecho del ser humano, ya no sólo una mercancía sino su propia extensión negativa, como capital humano. Por eso, este capital subjetivado considera a su propia autoexplotación como autorrealización; es el ego-wallet que cotiza sus balances, mientras se cotiza su existencia hipotecada por sus propias ilusiones; gasta frenéticamente –si puede– porque sabe que lo único que le justifica es el instante, por eso ya no ahorra, porque el futuro ya no es un activo creíble en sus preferencias.
Ya no cree en nada ni tiene confianza en nadie; no espera nada, ni tiene resto alguno de esperanza. Es el individuo neoliberal, cuyo único fin es la pura satisfacción de sus intereses inmediatos. Satisfacción y goce que desarrolla al capital, pero subdesarrolla al individuo. La suma de los intereses particulares ya no produce mágicamente el “interés general”.
Todos se someten voluntariamente a una servidumbre que refleja lo que desprecian; creen que el comunismo es el monstruo que expresa la vida que realmente padecen: “no tendrás nada y serás feliz”. Es el tipo de sociedad, como último eslabón del mundo del desarrollo y el progreso, que se atomiza en la pura sobrevivencia corrompida. Para esta sociedad neoliberal, la política deja de tener sentido y lo único valioso es lo que mejor cotiza en el mercado. Pasa en los individuos moderno-liberales lo que pasa en la totalidad sistémica del capitalismo: lo que son ganancias lucrativas en el corto plazo, son pérdidas irremediables, en el largo plazo, para la vida en general.
Pero la pobre izquierda progre cree en ese tipo de sociedad y cree tanto que, considera a la emancipación un ascenso social, para disfrutar los satisfactores que ofrece continuamente el mercado, haciendo de la clase media aburguesada, modelo de “nueva sociedad”. A eso se reduce el proyecto “progresista” de la izquierda eurocéntrica y, por ello mismo, el “termidor” de la revolución nace al interior de esta apuesta y se impone como sujeto sustitutivo[21] que desplaza al verdadero sujeto protagónico de la revolución para “normalizarla” y reponer sus acentos conservadores. Se cambia todo para no cambiar nada.
LA ENCRUCIJADA DEL ESTADO PLURINACIONAL
Como en Perú (en respuesta a la traición que le hicieron al presidente Castillo), tuvimos una movilización (en los 53 días de bloqueo nacional) que pudo haber significado un nuevo proceso de maduración política que se bloqueó por intereses particulares, corrupción sectorial y el aprovechamiento meramente corporativo de entes matrices, como el caso de la COB[22]. Lo cual produjo el incremento del desencantamiento de un pueblo que se vio, una vez más, traicionado, teniendo la lucidez de lo que se venía y que ahora es un hecho: la destrucción de la economía nacional y la soberanía estatal.
La propia sociedad clasemediera, enclaustrada en sus prejuicios señoriales, hasta ahora no cae en cuenta que su propio destino está siendo hipotecado por el ya iniciado desmantelamiento del Estado plurinacional. El abandono a la movilización indígena-campesina, más que todo por su revanchismo racial, hizo que esa maduración política del pueblo, acabe en el arrinconamiento de una respuesta sólo reactiva y sin capacidad ofensiva. No se trataba de quién convocó[23], pues la movilización era un remanente de la protagonizada por los “autoconvocados”, el 2020, para recuperar la democracia, ya que la izquierda está acostumbrada sólo a liderar lo que, en sus cálculos, tiene éxito.
Una pregunta que deberían hacerse es el por qué la gente y, sobre todo, la sociedad clasemediera, aguanta este disparate de medidas gubernamentales que, a la luz pública, está deshaciendo logros que son innegables y lo hagan con una retórica tan simplona como revanchista. Ya sabemos que el MAS coadyuvó a la disolución del bloque popular, desarticuló lo potencial del sujeto plurinacional, fraccionando sus expectativas; e incluso generó las condiciones para la consolidación de nuevas elites económicas corporativas que ya constituyen poderes fácticos con capacidad, no sólo de negociación, sino hasta de imposición de agendas propias (como las cooperativas mineras, por ejemplo).
En la última gestión de los 14 años, las juventudes clasemedieras que, alrededor de la figura del vicepresidente Linera, habían ya empoderado sus expectativas a costa del proyecto indígena-popular, lo expresaban por un acto de sustitución protagónica: “el sujeto del cambio ya no es el indígena sino la clase media”. Después no les costó mucho cambiar de bandera y engrosar las filas de los “pititas”; pues en su sistema de creencias nunca habían superado sus aspiraciones señorialistas.
Ya lo decíamos: el aburguesamiento del horizonte de expectativas populares minó las capacidades revolucionarias y terminaron de horadar lo genuino del proceso, a merced de los acentos conservadores que acechan toda apuesta revolucionaria. Por eso mismo, la fisonomía democrática nunca fue resignificada para potenciar un nuevo sentido del kratos y una nueva acumulación histórica de sentido del demos.
EL ESTADO DE EXCEPCIÓN COMO CAPITULACIÓN NACIONAL
El gobierno ha renunciado a toda salida honrosa de la crisis que él mismo ha provocado. Los compromisos adquiridos con el FMI, además con evidente apoyo militar de Washington, revelan la sustitución de toda legitimidad por el despotismo puro (que precisa del estado de excepción para desconocer toda legitimidad y sustituirla por un simple formalismo legalista). La inacabable cadena de delitos constitucionales que se expone cada día, acabó de explotar (como en el cuartel de Viacha[24]) la ya casi nula credibilidad en el gobierno. Si sigue en pie, está apenas administrando su agonía, que se ha propuesto el suicidio político, pero arriesgando la propia viabilidad de nuestro país.
A eso conduce la posición del TSE que, según lo declarado por su propio presidente, deshace toda resolución de la crisis en el laberinto burocrático, que sólo buscaría extender la vigencia -ya forzada- del gobierno[25]. Los objetivos son sabidos, pero a Washington ya no le interesa ocultar sus intereses. Necesita hipotecar nuestro Estado y neutralizar definitivamente la apuesta plurinacional.
Toda la riqueza nacional pasa a sostener, como la riqueza conjunta de toda la región, las ventajas estratégicas del dólar frente al yuan. Al Imperio en decadencia, ya no le interesa salvar ni legitimar régimen alguno. Sólo le sirven como ofrenda sacrificial, mediante la diseminación del “caos infinito”, como una sangría lucrativa de generación de “deuda infinita”. Ya no le interesa a Washington administrar los conflictos sino brindarle a BlackRock y Vanguard, una región entera endeudada hasta su última generación.
Porque el plan nunca ha sido mejorar la economía hacia una política de distribución más justa sino transferir valor de modo cada vez más inaudito. La “deuda infinita” como sacrificio religioso al dólar. Como una condena kafkiana, la región es destruida sin saber cuál es el pecado merecedor de semejante castigo. En el caso boliviano, se trata de destruir cualquier posibilidad de que exista el mal ejemplo del Estado plurinacional o cualquier otra opción de liberación política y financiera, sin importar los costos sociales, políticos y económicos que eso signifique para el país. Empobrecernos ya no es un efecto colateral sino la mediación necesaria para acabar con el Estado y convertirnos en un feudo balcanizado.
El empecinamiento gubernamental en su continuidad (resistida incluso por la derecha misma, aunque por otros intereses[26]) no hace sino desplomar todo, siendo cada vez más creciente la amenaza del Estado fallido y quebrado. Ya estamos presenciando una democracia pos-democrática, cuya convivencia política se halla minada por todas las medidas que adopta el gobierno. Sus compromisos actuales, que desmienten sus promesas electorales, no dejan lugar a dudas: su improvisada presencia se ha convertido en una fatalidad política e histórica.
El problema es el paroxismo que pueda aparecer; que la ausencia de los medios de vida lleve a la desesperación desatada de forma inverosímil. Cuando a la sociedad se le niega la esperanza y se le destruye la confianza y la fe en algo que tenga extensión en el tiempo, se vuelve un campo fácilmente incendiario. La apuesta por el caos constructivo busca eso, sabiendo que todo tiene un límite. Y ya no se tratará de ninguna ideología, que todavía clama por la resolución racional sino de la sobrevivencia pura. El gobierno juega eso: a un estallido incontrolable y eso parece presagiar lo acontecido en Viacha; como un ondear banderas rojas ante un móvil que se dirige, sin frenos, al precipicio. No se puede dejar que esta inercia nos conduzca a una tragedia sin retorno.
Porque el presidente Paz (qué ironía el apellido…) ha consentido, ante Trump, que Washington nos gobierne con un mando de ciberseguridad, militar y financiero. Por eso sus declaraciones son simples guiones impuestos.
En palabras de Maquiavelo, quien nos preside, se puso a pactar con príncipes de mayor peso y poder, sin saber que éstos le llevarían a su ruina. Ahora ya es tarde, pues tendrá que cargar solo con el muerto, es decir, lo que quede de un Estado quebrado, habiendo cruzado una línea que sólo ahondará el vacío institucional, la fractura nacional y un repuesto orden de acosamiento sistémico continuo contra el pueblo. De eso trata la amplificación geopolítica del plan Gaza en Sudamérica: demonizar la humanidad del indio para justificar su aniquilación y provocar la guerra civil y la balcanización ya calculada: feudalizar nuestros países; negociando con las elites, nuestra reducción a protectorados ya no regentados por otro Estado sino por los “fondos buitres”.
Si los imperios hacen algo mejor que nadie, es ocultar sus impotencias. Washington sabe que lo único que le queda (en su lucha existencial contra China, Rusia e Irán) es su backyard. Perdió en Ucrania e Irán; ya no posee la base energética global. Por eso mandó a llamar a Paz antes de su asunción para establecer los términos de su obediencia (rubricada en la “carta de intereses sobre minerales críticos”) y después le puso como parte del “Escudo de las Américas”, para que sacrifique nuestro país, con cálculo del genocidio ya previsto y hasta auspiciado por el racismo vigente de la clase media urbana, que actúa siempre como el nicho de reclutamiento de la defensa de los valores oligárquico-señorialistas.
Las vacilaciones clasemedieras, creyendo resguardar algo que ya no existe –como es su estatus– buscan soluciones a la carta o algún supuesto redentor en quien creer, para cederle voluntad, o sea, poder. Pero pensar no es creer y exige actuar y es el principio de la autodeterminación de ser sujeto. En una sociedad despolitizada e inculta, atravesada por prejuicios señoriales, se exige un cambio, pero sin cambiar nada. Tuvieron la chance de hacer democrática su disidencia del “proceso de cambio”, pero su propio odio –hecho política– rifó aquello; y ahora no saben cómo justificar el desastre que sembró el golpe del 2019 y que, además, aplaudieron.
La muletilla auxiliar de su racismo (centrada en el Evo, el MAS y los indios) ya no convence (más aun, cuando es el único recurso demagógico del actual presidente, para cubrir su interminable cadena de hechos de corrupción y proceder anti nacional); aun así, es lo único que poseen como su resguardo in/moral. Exigen soluciones, pero no admiten revisar su propia complicidad en este desastre. Y ahora se inclinan por el Tuto y no se dan cuenta –o prefieren obviar– que Rodrigo Paz sólo está haciendo suyo el programa de gobierno del Tuto. Su tozudez mito-maniaca prefiere el desastre para culpar siempre a alguien más.
Para eso tienen a la press-titución y sus portavoces, siguiendo el guion del proceder de las agencias de inteligencia: desechar el mensaje, desprestigiando al mensajero, ya que todos son calificados, en su estulta comprensión, como “masiburros” o “llunk’us del Evo”. Así se banaliza toda la discusión política y pueden estar a su antojo los ladrones, en un país acostumbrado a arrojar todo a los baúles del olvido.
EL PROTAGONISMO ES SIEMPRE DEL PUEBLO
No faltará el típico reclamo de quien posee escasos recursos mentales: ¿y qué propone usted? Esa gente, en realidad, no espera propuestas sino algo que le convenza, es decir, que le convenga a sus intereses. Por eso pide recetas. Y los ch’ojcho-poseros analistas, están para lo que pida el cliente, aunque aquello sea sólo un embuste.
Hay que recordarles. Lo que hace una crítica política es diagramar escenarios y realizar diagnósticos, probables y/o posibles, de la potencialidad del sujeto de la soberanía política, es decir, el poder popular. Pretender arrebatarle el protagonismo al sujeto, es el inicio del rapto de la soberanía primera y la anulación de la consolidación de legitimidad del nuevo poder emergente (así se sepultó el MAS).
El papel de un intelectual orgánico no es el de dirigir el proceso sino el de hacer inteligible que, el paso de la consciencia en autoconsciencia histórica, que se produce en ese proceso, es lo que configura el horizonte político, desde donde aparecen las opciones y alternativas que reclama la coyuntura. No es un contemplador sino un comprometido involucrado (de la suerte de su país depende la suya propia). Tampoco reproduce actitudes paternalistas con el pueblo, como si fuesen niños incapaces de comprender (no se trata de “bajar” al pueblo –como postulan demagógicamente los intelectualoides– sino ascender con él). Por eso puede reafirmar su actitud ética, como testimonio crítico de lo que un pueblo ha sido capaz de alcanzar histórica y políticamente y, desde allí, potenciarlo como sujeto, como masa crítica.
Por eso, la pregunta que hay que hacerse es: ¿cómo recuperamos el campo popular y restauramos su constitución en bloque histórico-político? Pues ya no hay espacio histórico de un proyecto que prescinda del factor pueblo. Pues primero es siempre la constitución del pueblo como “pueblo en tanto que pueblo”. El líder es el plus que se produce una vez que “el pueblo en tanto que pueblo”, alcanza el óptimo crítico de horizonte utópico; cuando vive en el presente el amanecer de su propia cosecha. Y la única forma de atravesar el umbral de consolidación de toda hegemonía posible, es la constitución del poder popular como ineludible materialidad política en esta transición civilizatoria.
La revolución es verdadera cuando los ancestros reviven y luchan junto a los vivos. Vuelven para asaltar los cielos, para hacer estallar el tiempo de la dominación y para sembrar la tierra con el tiempo de la liberación, con las semillas que el pueblo ha sabido preservar. Es cuando el pueblo, anuncia en el viento, que ha encontrado al fin su destino verdadero. El ¡ahora es cuando!, ya no es un anuncio sino un anticipar el tiempo verdadero, el nayra pacha. Porque no nos liberamos para ser libres sino para redimirnos, redimiendo a nuestros ancestros. Y porque los muertos no están muertos si los vivos hacemos nido de su causa en nuestra vida. Porque somos la única razón de la existencia de ellos. Si el enemigo vence, ni ellos se salvarán. El ¡Ahora es cuando! se convierte en el ¡ahora es Nuestro! Porque cuando los muertos sueñan con los vivos, es cuando la revolución está despertando.
Notas
[1] En el poema mencionado, el poeta español Francisco de Quevedo describe (para la modernidad naciente) lo que, mucho después, ha de servir a Marx para exponer los presupuestos (el despojo de las riquezas de las Indias occidentales como propulsor financiero) de la “acumulación originaria”, que da origen al nuevo sistema económico basado en el capital: “Nace en las Indias honrado/donde el mundo le acompaña/viene a morir en España/y es en Génova enterrado/poderoso caballero es don Dinero”.
[2] El paso de persona natural a persona jurídica que realizan las corporaciones, en la primera mitad del siglo XX, en USA, es la consumación de la fetichización empresarial, que irá adquiriendo juridicidad propia y privilegiada posteriormente, ya en pleno auge de la globalización, haciendo de las transnacionales sujetos de derechos por sobre, incluso, los Estados.
[3] Los analistas (que también conforman esta burocracia) y su perfil institucionalista, sólo los convierte en apologistas de un sistema institucional creado para naturalizar la condición periférico-dependiente de nuestros Estados. Confundir la ley con la justicia es algo que un pobre puede comprender, porque padece, en vida, las consecuencias de esa confusión; pero jamás estos adoctrinados en el fetichismo de la ley. Esto epistemológicamente se expresa como la confusión entre el fundamento y lo fundado, es decir, entre lo real y las apariencias.
[4] No en vano la tradición profética apunta, y muy bien, algo que ha sido motivo de serias reflexiones en filosofía política: “no ha sido hecho el hombre para la ley sino la ley para el hombre”. La ley es lo que instituye al Estado, diseñando la arquitectura estatal, pero su fetichización aparece cuando se vuelve autorreferencial. La ley no es fundamento de sí misma sino lo fundado por un algo que le precede, lógica y políticamente. Hasta Carl Schmitt se da cuenta de esto cuando apela al concepto de soberanía para referirse al Estado de excepción. Ver las referencias a la teología política del apóstol Pablo, en la obra de Jacob Taubes y Giorgio Agamben, así como en Latinoamérica, Enrique Dussel y Franz Hinkelammert.
[5] Una concepción de la razón que se expresa, por ejemplo, en lo que, económicamente, se conoce como “acción racional”; justificando como racional, “justa” y “buena”, la lógica costo-beneficio, por ejemplo. Su justificación ética se deduce de un uso especifico de la razón en los términos liberales de un literal cálculo de utilidad sólo individual. El individuo liberal in extremis sería el “libertario” que ya no diría, como Margaret Thatcher, “la sociedad no existe, sólo el individuo”, sino, al modo de Milei: ¡hay que acabar con la sociedad!
[6] Que es lo único que desvela al capital. No le conmueve el sufrimiento ni las lágrimas ajenas; sólo dedica sus cuitas a los números rojos de su hoja de balances.
[7] A nivel global, esta lucha es representada últimamente por los capitales petroleros y las energías alternativas; las dos con agendas políticas específicas y plataformas ideológicas, como –en el caso de la segunda– el ambientalismo, la ideología woke, el globalismo y la demagogia de la energía limpia; haciendo funcionales a sus intereses, hasta la defensa y el respeto de la Madre tierra, abogando por una “gobernanza mundial de respeto a la diversidad, la defensa del pluralismo y la resiliencia al cambio climático”. La guerra en Ucrania ya demostró ciertas falacias de una base energética que prescinda del petróleo. Éste, a su vez, continua con el paradigma petrolero del siglo XX y enfrenta el desplazamiento económico de Occidente a Oriente. Le resta la institucionalidad financiera global del dólar y su soporte nuclear, como poder disuasivo, ante la inminencia de un nuevo orden geopolítico multipolar.
[8] Ver nuestro libro: Reflexiones Des-coloniales, rincón ediciones, La Paz, 2014.
[9] Por eso los algoritmos producen una inteligencia que ya poco tiene que ver con la vida, sólo con el óptimo de condiciones que perfeccionan la performatividad de los sistemas. La desaparición de la clase media a nivel mundial tiene que ver con el desplazamiento del concepto burocracia de la revolución industrial. Ahora que ingresamos en una era posindustrial, se hace lógico –para esta racionalidad– un paradigma transhumanista. El poder de control burocrático no desaparece sino muta (por autoconsciencia) a tecno-cracia post-humanista. El circulo se cierra de modo irónico. Así como la ciencia del paradigma de la Ilustración veía a Dios como una ecuación irrelevante, ahora las máquinas son las que, con su sola presencia, cuestionan la propia existencia humana.
[10] Así como la muerte hace valiosa la vida, así los limites físicos del planeta nos devuelven el respeto a la vida, que es finita.
[11] El American Israel Public Affairs Committee, el lobby sionista que determina decisivamente la política exterior gringa; teniendo sus brazos operativos, en ambas representaciones de la topografía electoral gringa, además del control que ejerce en la mediocracia y el internet.
[12] Hay que saber ponderar, en su verdadera dimensión, lo que está en juego, de modo cada vez más acelerado, para USA, Israel y la propia existencia del mundo unipolar. El colapso del petrodólar, y ante la incertidumbre de los mercados, sitúa a Rusia, China e Irán como pilares y garantes de una nueva estructura mundial; pues el mundo de Yalta colapsa definitivamente, así como toda la institucionalidad financiera creada en Bretton Woods. La estabilidad de USA y Europa, asentada en una economía ficticia, que sólo inflama la burbuja del bienestar engañoso, desaparece, una vez que se dispara el precio del petróleo y, en consecuencia, el costo de vida. Desparece el “american dream”, y lo que se viene es el probable escenario de balcanización en USA y Europa y todas las economías dependientes del dólar. A su vez, desaparece el sistema-mundo moderno, que hace de la modernidad el paradigma de administración de la centralidad occidental, desde la invasión y conquista del Abya Yala. En definitiva, la transición civilizatoria no es, para nada, un evento llano e inofensivo; en tal caso, hay que hacer la pregunta: América latina y, sobre todo, sus elites y sus enajenadas clases medias, ¿están dispuestas a aceptar un nuevo mundo sin la cosmovisión del dólar, es decir, más democrático y menos piramidal?
[13] Ver nuestro libro Reflexiones Des-coloniales, ed. cit.
[14] Los acuerdos que Bolivia está más que dispuesta a obedecer, son una reingeniería de la economía, para orientarla hacia un modelo neoliberal que no tiene novedad alguna. Se trata siempre de recortar gastos del Estado, privándolo de ingresos propios, o sea, fiscales, para hacerlo no sólo insolvente sino, sobre todo, para abandonar sus funciones esenciales en lo público y social. Los recortes apuntan siempre a la quiebra estatal y descargar el peso de ese costo en los sectores menos favorecidos, como el alza de precios de combustibles, que se anuncia como un lacerante gasolinazo para enero de 2027 (si es que no se produce antes, porque ya no hay reservas ni divisas para la compra y la subvención de carburantes, mientras se mantienen privilegios financieros verdaderamente insulsos, como la tributación de grandes fortunas, sueldos vitalicios a expresidentes, favorecimientos en política cambiaria a los Bancos privados, etc., etc.), además de la devaluación de la moneda nacional. La inviabilidad de los ajustes se prevé como asfixia económica en los sectores más vulnerables, que harían insostenible, ya en lo inmediato, la estabilidad política. La inflación se dispara, mientras aumenta la curva de pobreza, de moderada a extrema, superando los índices anteriores que produjo el neoliberalismo antes del Evo (a quien se le acusa de todo, cuando en su gobierno se produjo una de las más exitosas gestiones económicas –y eso que no eran nada radicales sus medidas–). Esto conduciría a una profunda recesión que el mismo gobierno provoca, pero que está dispuesto a llevar a cabo, aun a costa de la integridad nacional y la soberanía estatal. Por eso el acuerdo impuesto y acatado no contiene ningún tipo de minimización de riesgos. En definitiva, un país hipotecado sin ningún tipo de responsabilidad que pudieran estimar el gobierno y el FMI. Por eso también la extensión del estado de excepción es vital, para proceder “legalmente” con la protesta social que se va articulando molecularmente ante lo inminente que se orquesta a espaldas de todo el país.
[15] El hallazgo de un dron con explosivos Semtex, fue el pretexto de Alemania para acusar a la Federación Rusa de estar detrás del incidente que, según las autoridades alemanas, iba dirigido contra un avión de carga ucraniano.
[16] Y el asunto se complica bifurcadamente, una vez que Inglaterra e Israel se enfrentan arriesgando su asociación financiera en el petróleo de las Malvinas: si Inglaterra no reconoce el derecho de Israel a Cisjordania, tampoco reconocerá Israel el derecho británico sobre las islas Malvinas.
[17] Recordemos que fue Deng Xiaoping, en los 90’s, subrayando la importancia de las tierras raras en la nueva geopolítica global, quien predijo la transición tecnológica que iba a resituar a China en potencia emergente. La apuesta fue decisiva y el gigante asiático, aun con los costos medioambientales, aprovechó su condición receptora de tecnología derivada, para impulsar su enfoque en el desarrollo de prospección, extracción y aprovechamiento de minerales de impacto crítico, que iban a decidir no sólo la transición tecnológica sino las guerras futuras. Sin tierras raras no hay computadores, celulares, internet, drones y toda tecnología de ventaja estratégica.
[18] En el caso boliviano, lo expresó muy claramente el secretario de guerra, Pete Hegseth, al rechazar todo intento de derrocar a Rodrigo Paz: “Bolivia no debe permitirse volver al dominio narcoterrorista”.
[19] Su diagnóstico es simplista y metodológicamente tautológico; pues afirman una falsa suposición, de la cual parten e imaginan evidencias sólo para corroborarla.
[20] Esta relación monolítica que hace popular Althusser y, en Latinoamérica, Martha Harnecker, parte de un malentendido que persiste hasta el día de hoy. Base-superestructura no constituyen, como categoría, una morfología adecuada del capitalismo, tampoco un análisis crítico del sistema capitalista. No es lo que se deduce del método dialéctico de Marx; pues lo que hace en el prefacio a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, de 1859, no es exponer su método dialectico (de carácter circular) sino el cómo procede el método acrítico de la economía política clásica (de carácter lineal).
[21] Ver Anatomía del termidor del “proceso de cambio”, en nuestro libro: El ángel de la Historia. Volumen II. La disputa del arco sudamericano y la geopolítica del reseteo global. 2020-2024, yo soy si Tú eres ediciones, La Paz, 2024.
[22] El daño que le hizo la Central Obrera Boliviana (pactando con el gobierno un alto en las movilizaciones y los bloqueos últimos) al movimiento indígena-popular-campesino-, ya sea por ingenuidad o complicidad, será difícil de olvidar a la hora de rearticular una resistencia nacional. El propio sujeto obrero-minero-proletario demostró, de ese modo, que aun se encuentra atravesado por prejuicios racista-señoriales hacia el nuevo sujeto del cambio, lo que llamamos el sujeto plurinacional.
[23] La pregunta no es aquella sino: qué intereses están detrás de la tozudez, las amenazas solapadas y desubicación proverbial de Paz y su gobierno. Su legitimidad se desploma no sólo por el incumplimiento de sus promesas electorales sino por su decidida apuesta antinacional y entrega de la soberanía estatal al poder imperial que, para colmo, ya no le interesa mantener gobiernos títeres sino está ahora, en su decadencia, más que dispuesto a destruir a sus propios lacayos.
[24] El 4 de septiembre se sucedieron 2 explosiones, en el Regimiento de artillería mecanizada Bolívar de Viacha (a 33 km. de la ciudad de La Paz), generando una onda expansiva considerable, dejando casi un centenar de heridos, desaparecidos y, hasta ahora, 9 muertos confirmados. El ministro de defensa declaró que se trataba de “juegos pirotécnicos”.
[25] El presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Gustavo Ávila, condiciona un referéndum revocatorio inmediato (que podría brindar cierta certidumbre política al país) a la aprobación de un nuevo paquete de leyes. Si antes calificó los pedidos de revocatorio como “antidemocráticos”, ahora sostiene que el referéndum es una “herramienta positiva”, pero que sus plazos y requisitos deben acomodarse a una nueva reforma electoral que no estará lista sino hasta finales de noviembre y su socialización –según Ávila– tomará meses más. Es decir, la única forma que podría brindar cierta certidumbre política, se abandona en un laberinto burocrático. Se trata de ganar tiempo. Al condicionar el revocatorio a un paquete de leyes que deben primero redactarse y luego socializarse, el titular del TSE cierra la posibilidad (hasta nuevo aviso) de resolución constitucional de la crisis. Esto es lo que el gobierno precisa: tener al TSE como escudo legal para permanecer ilegítimamente en funciones, mientras la crisis se dispara.
[26] Como ya advertimos: sacrificarán un pollo antes de tener a toda la derecha en desbandada. Sabiendo que el campo popular fue fracturado por las propias dirigencias de izquierda, se alinearán en el bloque que el evismo colaboró en constituir, sobre todo en el Congreso. Toda pretendida “salida democrática” que imagina la derecha, nos llevará al desgobierno (con una crisis que se va orquestando); lo cual acelerará opciones hasta golpistas. Pero eso tampoco augura a nadie la resolución de un conflicto creciente. Estos errores históricos nunca debieron ingresar en el escenario político, contaminando toda opción racional. Mientras tanto, nos distraen por medio del morbo político. Todo lo que sale a la luz, sólo corrobora lo que ya se sabe, y Cerimedo es apenas un palo blanco de otras entidades que ya operan en Latinoamérica, cuyo fin es alterar definitivamente el panorama político y desatar conflictos regionales, para administrar una deuda que pretenden sea eterna. La resolución, además de popular, ahora se hace nacional. El pueblo debe saber que, en la agenda globalista, ya no interesa la soberanía de los Estados; por eso Bolivia es un mal ejemplo y su Estado plurinacional. La guerra informática y, sobre todo, cognitiva, es algo que la izquierda desconoce. Tiene enajenada a la clase media aburguesada. Una insurgencia decisiva sólo puede provenir desde la reconexión y restauración de los valores y creencias de la cosmovisión que mantiene al pueblo como pueblo (por eso Irán puede, no sólo enfrentar, sino hasta acorralar al poder imperial: acudiendo a su historia, a su ancestralidad milenaria, para hacerla potencia presente encarnada en su pueblo).
Rafael Bautista S., autor de Hacia la Universalización de los Códigos del Vivir Bien. Dirige “el taller de la descolonización”.
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