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María Corina Machado: presidenta de un club racista

26/04/2026 by Vitalio Deja un comentario

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Por: Juan Carlos Monedero

 


Si hay algo que odia Elon Musk es que en la Sudáfrica donde él nació y se crió, la Sudáfrica del apartheid,  gobierne hoy un negro. Si hay algo que odia la burguesía venezolana, con María Corina Machado a la cabeza, que nacieron y se criaron en la IV República, es que gente “tierrúa” esté en la presidencia de Venezuela.

El racismo está en el adn de Europa, y los criollos que se sienten más europeos que latinos, lo llevan en los genes. Marco Rubio, que nació en Cuba, se piensa en una Cuba de los tiempos de la conquista y la dominación española. No se le vaya a llenar el país de indios y de negros. Eso le ha pasado siempre a la derecha venezolana.

Esta semana, el Partido Popular le ha concedido a Vox a cambio de los votos necesarios para la investidura de María Guardiola en Extremadura,  la “prioridad nacional” en los servicios y subvenciones públicas en detrimento de los ciudadanos de origen extranjero. Al tiempo que se quitaban derechos a los ciudadanos latinoamericanos, María Corina Machado se reunía con los máximos responsables de esa decisión: Núñez Feijóo, Díaz Ayuso y Santiago Abascal. Los pobres y los negros y los indios son moneda de cambio.

A la derecha española, que está en operación acoso y derribo del gobierno de coalición de Pedro Sánchez, le ha venido bien María Corina Machado en Madrid. Y por eso le han dado tanto espacio. Le viene bien, principalmente, porque le sirve para golpear a la izquierda y barrer para casa utilizando, como viene ocurriendo en los últimos 25 años, el fantasma de Venezuela como el villano universal.

EEUU se encargó de decir que Venezuela era una amenaza extraordinaria para el país, y lo dijo Obama, siguiendo la estela golpista de Clinton y de Bush contra Venezuela -a ver si nos damos cuenta de que todos los presidentes de los EEUU comparten algunas líneas generales-, y desde entonces, desde que EEUU entendió que el petróleo de Venezuela debía seguir fluyendo barato al país, y que Venezuela no podía convertirse en un referente crítico en América del Sur, el país caribeño empezó a sumar puntos como el nuevo villano en películas, series, videojuegos, y, por supuesto, declaraciones, estrategias electorales y reuniones de la internacional del odio en Caracas, presididas por el carnicero de Iraq, el ex presidente español José María Aznar, y santificadas por Vargas Llosa, convertido en un animador sociocultural de extremistas de derecha e, incluso, de fascistas declarados.

María Corina Machado se ha dado un baño de multitudes (bueno 11.000 personas venidas de toda España cuando solo en Madrid hay casi 50.000 venezolanos) y, eso sí, elogios institucionales en Madrid, cuna de la derecha dura del Partido Popular, bajo la batuta de Isabel Díaz Ayuso. Además de recibir condecoraciones, como la llave de oro de Madrid o la medalla de la Comunidad, entregada por un alcalde, Martínez Almeida, y una presidenta, Díaz Ayuso, que también desprecian a los pobres, tuvo un acto en la Puerta del Sol de Madrid donde destacaron tres cosas: el desprecio racista propio de la derecha venezolana a sus propios compatriotas; el apoyo a la América latina que se postra ante Trump en el llamado Escudo de las Américas, así como la identificación absoluta con el genocidio en Gaza o el bombardeo en Irán protagonizado por los dos principales aliados de María Corina Machado, Trump y Netanyahu; y el absoluto olvido de algo que esta semana es una de las principales noticias en España y que afecta a una buena parte de los que fueron, convocados y movilizados por el PP, a la puerta del Sol: la regularización de más de medio millón de inmigrantes, algo que no fue digno de siquiera ser mencionado.

Este olvido de algo tan importante básicamente se debe a dos cosas: primero, porque sería reconocerle algo positivo al gobierno socialista -por cierto, hay que recordar que esta decisión de regularizar a los inmigrantes partió de Podemos, y también hay que decirlo, siempre se opuso el PSOE, de manera que ha sido un logro de las fuerzas a la izquierda del partido de Sánchez, también de Sumar, que está en el gobierno. En segundo lugar, porque la suerte de los venezolanos en España les importa una higa a María Corina Machado, Carlos Baute, Leopoldo López, Liliana Tintori, Julio Borges o Antonio Ledzma que ni trabajan para vivir en España ni, mucho menos, viven en las zonas populares donde viven sus compatriotas. La derecha venezolana siempre ha sido racista y clasista, y no van a dejar de serlo ni siquiera cuando necesitan agitar la bandera de la patria desde el exclusivo barrio Salamanca de Madrid.

El acto de María Corina Machado en Madrid fue el acto alternativo de la derecha y la extrema derecha española, venezolana y latinoamericana al acto progresista en Barcelona. No en vano, tanto el PP como VOX como Machado se refirieron a los presentes en Barcelona como narcotraficantes, dictadores, terroristas y alguna que otra lindeza. Es mentira, pero les da lo mismo. El acto de Barcelona no era de la izquierda, sino de los “progresistas”, que es una cosa bastante más meliflua, blanda y descafeinada o light. Ahí estuvo el hijo de Soros, ahí estuvo el partido demócrata norteamericano, con Tim Waltz (que es el actual gobernador de Minnesota y fue vicepresidenciable), Chris Murphy (que es senador por Connecticut), aunque también los izquierdistas Bernie Sanders y Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York, pero también Hillary Clinton, una persona que está más cerca de María Corina Machado que de Lula, Sheinbaum o Petro.

Pero en las declaraciones de la derecha funciona la brocha y no el pincel, de manera que en Barcelona todos eran, para el discurso de Machado, terroristas. No en vano, el amigo de María Corina Machado no es Lula, sino el delincuente golpista Bolsonaro, no es Petro, sino el narcopresidente responsable de decenas de miles de asesinatos, Álvaro Uribe (rercordemos los falsos positivos, cuando el ejército asesinó a campesinos y los vistió de guerrilleros para cobrar la recompensa), no es Sheinbaum, sino el también radicado en Madrid ex presidente Felipe Calderón, cuyo secretario de gobernación está en una cárcel en los EEUU por estar a sueldo del Cártel de Sinaloa (¿quiénes son los narcos María Corina Machado?) y, por supuesto, no es Pedro Sánchez, sino el franquista Santiago Abascal, la delirada Díaz Ayuso que desprecia a los que llaman “panchitos” o Núñez Feijóo, que está en contra de que hayan regularizado, es decir, reconocido derechos ciudadanos, a cientos de miles de latinoamericanos muchos compatriotas suyos.

En esos actos, convocan a famosos, cantantes, actores y actrices, que viven de ser famosos, no de ser inteligentes ni siquiera de hacer bien su trabajo. Esa gente es invitada a actos políticos a agitar. Si estuvieran leídos, tendrían criterios formados, como ocurrió en España con el No a la guerra durante la invasión de Irak. Pero no es el caso. Tampoco son el lapicero más afilado del estuche y algunos, como Miguel Bosé, parecen haber perdido el juicio y comparten asiento con los terraplanistas y con los que se ponen sombreros de aluminio en la cabeza para que no les lleguen las ondas de los reptilianos.

Hubiera sido imposible que Carlos Baute hubiera mencionado a sus compatriotas asesinados el mismo día por los EEUU bombardeando una lancha en el Caribe. La empatía para esta gente no existe. Muy al contrario, como gente blanca de clase alta acostumbrados en su memoria y en el discurso de sus padres a una Venezuela de privilegio, consideran que los que no son de los suyos no existen.

Por eso, cuando el chavismo gana elecciones, nunca aceptan el resultado diciendo que no conocen a nadie que haya votado chavismo. Porque lo único que conocen con un color de piel algo más oscuro -y cuidado, que para los blancos de Madrid ellos también son “panchitos” de piel oscura- son las personas que les limpian, cuidan y cocinan. Invisibles. Y cuando esas personas les hablan de tú a tú, y aún más cuando son presidentes, diputados, alcaldes, gobernadores no lo soportan, y les pasa como a los hinchas del fútbol que ven que alguien a quien consideran inferior, que mete goles y que está en otro equipo, no son sino monos o gorilas a los que despreciar, porque les han dicho que si desprecian a los que tienen la piel diferente, se van a sentir mejor y van a olvidar sus frustraciones.

Pero en la Puerta del Sol, con María Corina Machado, no tenía lugar una competición deportiva: era un acto político. Y organizado por la Comunidad de Madrid. Era un acto oficial. Y en los actos políticos se toman decisiones políticas. Como, por ejemplo, comparar con un simio a la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Coreándolo buena parte de los asistentes. En España, según el código penal, eso es un delito de odio. ¿Alguien cree que allí mismo, que era donde correspondía, María Corina Machado afeó después el comportamiento a sus seguidores que insultaron a Rodríguez llamándola “mona”? No. Nunca lo haría. Y tenía el micrófono para hacerlo.

Pero no lo haría por tres cosas. Una, porque ella piensa lo mismo. Es instintivo, viene de familia, lo ha mamado desde niña. Y se le nota, como cuando en una campaña electoral una señora la besó en un barrio y ella hizo un gesto de repugnancia lamentando los esfuerzos que había que hacer para hacer política con tanta gente de piel oscura y tanto barrio en la piel.

Dos, porque sabe que la gente que la apoya financieramente tiene una agenda racista. Si reconocen a los “tierrúos” los mismos derechos ¿dónde van a conseguir trabajadores baratos? Eso es así en Venezuela, es en los EEUU (no olvidemos que Trump desprecia a negros, árabes y latinos) y terminando en Madrid, donde para el PP los inmigrantes son delincuentes, parásitos, salvajes, panchitos, menas, negratas y monos (repito: por eso le ha dado lo mismo a María Corina Machado la regularización).

Y en tercer lugar, porque es importante que sus seguidores mantengan un buen nivel de odio. Porque, de lo contrario, ¿cómo podría regresar ella? A María Corina Machado le pasa igual que los presidentes de algunos clubes de fútbol, que alimentan a las barras ultras, pero cuando hacen las barras ultras lo que hacen las barras ultras (ser racistas, machistas y desplegar odio), se dan golpes de pecho lamentando lo ocurrido.

Y es que, quizá, la única presidencia a la que puede aspirar María Corina Machado es esa: a presidenta de un club de futbol racista donde pueden seguir llamando monos y simios a los venezolanos que no tienen la piel clara.

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Publicado en: AmericaLatina, Cultural, Economía, EEUU, Global, Venezuela

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