Por: Nicolás Puerto Barrios

Días después del Golpe de Estado del 18 de julio de 1936, solo allí donde llegaba la cobertura de las emisiones vía radio y las líneas telefónicas y/o telegráficas, fundamentalmente las grandes ciudades y pueblos importantes de España, se podía tener, al menos, una idea del desarrollo y situación general de la Guerra.
No así en la mayor parte del país sumido, sobre todo en zonas rurales, en la incertidumbre y el miedo. Ya destaqué en mi anterior libro sobre “La Radiodifusión en la República, el Golpe de Estado y la Guerra Civil Española”, que los franquistas, a pocos días del golpe, todavía no habían triunfado en la mayor parte del territorio nacional y mucho menos en las capitales más importantes: Madrid, Barcelona y Valencia.
Pero esta situación se fue revertiendo debido a la intervención de los cuatro ejércitos aliados contra la República: El franquista afín de la península, el de las tropas africanas de regulares y legionarios que era un contingente de unos 30.000 soldados muy entrenados para la lucha, el apoyo del Nazi alemán y el Fascista italiano. Además, aunque menos importantes, fueron las tropas portuguesas de lo “Viriatos “, voluntarios promovidos subrepticiamente por la Dictadura Salazarista de Portugal (1).
Por otra parte, con ayuda de la instalación de equipamientos de radiodifusión de gran potencia procedentes de la Alemania nazi y la Italia fascista, el bando rebelde fue acaparando el relato del éxito golpista. Es notorio que, de los aproximadamente 400.000 receptores de radiodifusión existentes en España en esas fechas, por su gran costo, en su mayoría eran propiedad de familias de mejor poder adquisitivo, entre ellas las organizaciones de los “quintacolumnistas”.
Este término fue inventado por el general franquista Emilio Mola en una locución radiofónica. Las cuatro columnas, eran las agrupaciones militares del bando sublevado que avanzaban hacia Madrid de forma simultánea desde diferentes puntos geográficos, en el otoño de 1936.
Según la documentación histórica consultada, los frentes de avance correspondían a los siguientes ejes: La columna de Toledo: Tropas que subían desde el sur tras haber tomado Toledo y el Alcázar. La columna de la carretera de Extremadura: Fuerzas compuestas en gran parte por tropas coloniales (regulares y legionarios) que avanzaban por el suroeste de la península.
La columna de la Sierra: Tropas procedentes del norte que presionaban a través de los pasos de la Sierra de Guadarrama y Somosierra. La columna de Sigüenza: Contingentes militares que empujaban desde el noreste, en el eje de la provincia de Guadalajara. Estas fuerzas operaban bajo la dirección del general Mola en el norte y la ejecución en el terreno de comandantes, como el general José Enrique Varela, rodeando de forma progresiva los accesos principales a Madrid.
La quinta columna: Era una red civil y clandestina de saboteadores que, en contacto vía radio, ayudaban al bando nacional ocultándose en la retaguardia enemiga. En la zona republicana se adoptó rápidamente el término para alertar a la población sobre el «enemigo interior», sin embargo, esto también supuso una gran paranoia colectiva.
Además de requisar las emisoras privadas de radiodifusión, que disponían de la concesión del Estado desde 1924, el Gobierno de la República intentó controlar los grupos de ciudadanos que eran titulares de aparatos receptores que no contaban con Licencia, y aquellos que, aun con ella, fueran sospechosos de estar en contacto con las tropas golpistas.
Pero esto no pudo conseguirse totalmente, y a veces aparecían por Madrid y otras ciudades pasquines y octavillas, anunciando el avance franquista y animando a la rebelión. La prensa privada como tal desapareció por completo en la zona republicana, tras el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936.
Los periódicos de propiedad particular e independiente fueron incautados por el Gobierno republicano, por comités obreros o por sindicatos gráficos (como la UGT y la CNT) para convertirse en órganos de propaganda de partidos políticos y milicias: Por ejemplo ABC y La Voz (la edición de Madrid) (2), El Debate, Ya, El Siglo Futuro, El Sol e Informaciones.
Aun con las dificultades de la escasez de papel, las organizaciones populares republicanas editaban, en su zona de influencia, revistas informativas, culturales, TBO`s, etc.. que procuraban distribuir por el territorio todavía fiel a la República. La distribución abarcaba diferentes géneros y audiencias, adaptándose a las necesidades de la guerra y la retaguardia: Prensa de frente y miliciana: Editadas por batallones, brigadas y sindicatos (como el 5º Regimiento).
Servían como órgano de propaganda, arenga y moral combativa. Revistas culturales y literarias: Destacaba “Hora de España”, financiada por el Ministerio de Propaganda, donde escribieron destacados intelectuales y poetas de la época. Revistas ilustradas y de retaguardia: Publicaciones como “Mi Revista” o “Espectáculo” (del Sindicato de Industrias del Espectáculo), destinadas a mantener la actividad cultural y dar soporte a los refugiados y heridos. Sátira política: Cabeceras como “La Traca” y “L’Esquella de la Torratxa”, orientadas a la crítica ideológica de izquierdas y anticlerical.
Buena parte de estas publicaciones han sido recopiladas y digitalizadas. Para investigar los números originales o buscar artículos, el lector puede consultar los catálogos digitales de la Hemeroteca de Arxiu Historic de la Ciutat de Barcelona o al catálogo del Kiosco Digital de la Guerra Civil Española del Ministerio de Cultura. Por último, hay que resaltar, que la gran mayoría de los poetas, escritores y artistas de vanguardia españoles, junto a destacadas figuras internacionales, ejercieron como intelectuales activistas de apoyo a la Segunda República, organizándose para divulgar documentos a través de colectivos culturales y mítines en los frentes de batalla para combatir el ascenso del fascismo.(1)
Intervinieron ya en julio de 1936. No respetaron su firma del Pacto de No Intervención. Y tampoco la Unión Sovietica que ayudó a la República en Octubre de 1936. (2) La Edición de Córdoba, en la que luego fui suscriptor y colaborador a principios de los años ochenta durante la dirección de Francisco Solano Márquez, fue requisada y su director Pablo Troyano ejecutado por los fasciosos.
Nicolás Puerto Barrios. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones. Escritor y Periodista. Miembro del
Foro Histórico de las Telecomunicaciones Córdoba
10 de Julio de 2026
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