Una rebelión popular contra las políticas neoliberales busca torcerle el brazo a un gobierno agónico a menos de seis meses de que el presidente Emmanuel Macron termine su mandato.
Desde Paris
Este 17 de octubre los chalecos amarillos convocaron a una jornada de protestas que quedará registrada en la historia de Francia, como otro evento de rebelión popular, tal como el mayo del 68 es otra referencia en este sentido. Resta ver si esta rebelión ciudadana apenas comienza y le tuerce el brazo a un gobierno agónico a menos de seis meses de que el presidente Emmanuel Macron termine su mandato, o si pierde fuerza y se diluye. Los chalecos amarillos son un movimiento social transversal y sin conducción política, que se hizo célebre entre 2018 y 2019 por haber puesto en jaque al primer gobierno de Macron a través de sus manifestaciones que conmovieron a Francia con sus reclamos contra el aumento del costo de vida y la exigencia de que se pusieran en marcha mecanismos de democracia directa.
Convocatoria
Los chalecos amarillos convocaron a manifestar esta vez casi por los mismos motivos que los llevaron a organizarse en 2018, contra el aumento en el precio de los combustibles, la inflación y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Se sumaron a la convocatoria los estudiantes secundarios y universitarios, sindicatos, La Francia Isumisa y otras organizaciones sociales y políticas de izquierda.
Las reivindicaciones de los estudiantes secundarios se sumaron a la jornada; los jóvenes estudiantes que se encuentran en estado de movilización permanente desde el 18 de septiembre pasado, reclaman más profesores y que se reemplacen los ausentes, mantenimiento adecuado de los edificios escolares, materiales pedagógicos idóneos y poner fin al sistema de Parcoursup, un sitio web creado por el gobierno de Macron que filtra el acceso a los estudios superiores de manera poco clara y arbitraria, según los estudiantes.
Las manifestaciones han dejado las imágenes más variadas, desde jóvenes bailando en ronda cual niños en un jardín de infantes, orquestas callejeras interpretando Bella Ciao o la Internacional, y ríos de personas, en su mayoría jóvenes, que transcurrían alegres y en paz por las calles de las grandes ciudades como París, Toulouse, Lyon, Estrasburgo, Marsella y muchas más; pero también se manifestaron en los pequeños pueblos de zonas rurales. Toda Francia ha sido testigo de miles manifestaciones y concentraciones, en un clima cordial donde se compartió una jornada festiva. Pero hubo también espacios de violencia que son los que concentran las miradas de los medios de comunicación y dan la idea distorsionada de que la violencia fue el factor predominante de la jornada. Las imágenes que dominaron en los medios fueron las de los desbordes, saqueos y actos vandálicos. Así pudimos ver las sedes de las municipalidades vandalizadas en las ciudades de Marsella, Lille y Limoges, donde una parte del edificio municipal de esta última ciudad fue incendidada. Según el alcalde de derecha de Limoges, Guillaume Guerin, los atacantes eran grupos organizados que tenían como único objetivo destruir e incendiar el edificio público. Una oficina de turismo en la céntrica plaza Bellecour de Lyon también fue incendiada; el saqueo en comercios de diversas ciudades y en la plaza de la República de París fueron escenas que se apreciaron frente a la pasividad de la policía en este último caso. También se pudieron ver varios autos incendiados en las calles de París.
Granadas aturdidoras
En la preparación para hacer frente a la jornada el gobierno de Sébastien Lecornu creó una célula interministerial de crisis y el ministro de Interior Laurent Nuñez autorizó la reincorporación de granadas aturdidoras, cuyo uso se le había suspendido a las fuerzas del orden luego de que un adolescente de 15 años perdiera una mano por la explosión de una de estas granadas en la represión de una manifestación estudiantil el 5 de octubre.
La jornada de protestas deja un panorama bastante elocuente sobre el balance de 10 años de macronismo en Francia. Y si hay algo que queda claro sobre el legado de Macron es que resulta claramente detestado por una gran parte de los franceses. La actual rebelión contra las políticas neoliberales, por las cuales Macron por ejemplo ha eliminado más de 10 mil puestos docentes desde 2017, algo que los estudiantes reclaman sea revertido, se suma a que la inflación se ha acentudado desde el comienzo de la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán por el vertiginoso aumento de los combustibles, aunque ya había registrado un fuerte aumento en Francia en el 2022 con el comienzo de la guerra de Ucrania.
Convergencia
La convergencia de luchas de estudiantes secundarios y universitarios, funcionarios públicos, sindicalistas y movimientos sociales como el de los chalecos amarillos, tan temida por el gobierno, vio la luz este 17 de octubre. Este sábado entre 600 y 800 mil franceses salieron a las calles a expresar su repudio a las políticas neoliberales. No obstante el clima de rebelión social, el gobierno no se da por enterado e impulsa un presupuesto que se debate actualmente en la Asamblea Nacional y propone nuevos recortes por 54 mil millones de dólares.
El primer ministro Lecornu, anunció a las 23h30 del sábado, cuando hacía una recorrida por la plaza de la República de París entrevistando a los policías a cargo del operativo de seguridad, que había 1200 detenidos, y habló de “perfiles particularmente violentos y peligrosos”. También recordó su propuesta legal de “rompe paga” para sancionar económicamente a los autores de daños en el mobliario urbano. Advirtió el primer ministro que era “el momento de elegir el campo, sea con los violentos o sea con los que defienden la república”. Lecornu denunció que en esta ocasión “el modo de operación es diferente al precedente”, y alertó que “estamos frente a hombres determinados, profesionales, es la ultraizquierda que tiene detrás un proyecto político”. El primer ministro volvió a cargar contra el movimiento de izquierda La Francia Insumisa (LFI), como lo hizo en otras oportunidades recientemente, y dijo que había sectores de “LFI que estaban en la nebulosa de la ultraizquierda”.
La lectura que se puede hacer de los dichos del primer ministro es que el gobierno busca criminalizar a los manifestantes e incluso al LFI. Por otra parte Lecornu no hizo ninguna mención a los reclamos que están detrás de organización de la jornada de protesta, lo cual puede inducir a pensar que la respuesta se concentrará en la represión y diabolización de los manifestantes.
Lucha obrera
La candidata a presidenta por Lucha Obrera, Nathalie Arthaud, dijo en la víspera de la manifestación que “los mayores vándalos están en el gobierno”. Fundamentó su acusación en que el gobierno está “en tren de romper las jubilaciones, el poder adquisitivo del salario, y hay cada vez más de trabajadores que tienen problemas para encontrar vivienda”. Y estas situaciones según Arthaud generan las condiciones de “la revuelta legítima” y la violencia que pueda registrarse en las movilizaciones, ya que “no es nada frente a la violencia de encontrarse sin dinero para llenar la heladera o tener que dormir debajo de un puente. La revuelta es necesaria,” sentenció.
Este sábado se pudo escuchar a manifestantes llamando a una huelga general como lo hicieron unos estudiantes de enfermería que dijeron participar de la jornada para asistir a las víctimas de la represión policial en Bordeaux. Los estudiantes deploraron las condiciones en que deben trabajar los enfermeros y el pago miserable al que se condena a estos profesionales de la salud.
En el corto plazo el plan de lucha contra las políticas del gobierno continúa el jueves 5 de noviembre. La intersindical, un frente de importantes sindicatos y centrales sindicales, convoca a movilizar “por los salarios, los servicios públicos, el empleo y la industria”. Después de la exitosa movilización de la intersindical del 29 de septiembre pasado, los sindicalistas enumeran como una primera causa de esta nueva convocatoria a la protesta, “combustibles, alimentos, alquileres, gas, electricidad …. todo aumenta salvo los salarios y las pensiones” y alertan que “el país está al borde de la recesión”.
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