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Hacia una Soberanía descolonial: Cuerpo, Conciencia y Memoria en la lucha por la liberación

30/11/2025 by Vitalio Deja un comentario

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Por: Ximena González Broquen

 

Estamos en un momento de apremiante urgencia, pero de urgencia estructural. Eso que hace humana nuestra humanidad está cada día, cada noche, cada segundo mortalmente asediada, herida, mutilada: la deshumanización en masa como naturalización de la violencia del proyecto civilizatorio de muerte imperialista avanza a pasos agigantados. Deshumanización en masa de todos esos otros del Sur Global, que pueden entonces en total impunidad ser torturados, aniquilados, marcados en megacárceles como animales, sepultados en cementerios marinos como lo es hoy en día el Mediterráneo, reducidos a cuerpos desgarrados en las fronteras, deportados como mera mercancía.

Pero deshumanización también de los pueblos del Norte Global para que acepten, celebren, en masa, de nuevo, los genocidios de esos otros; para naturalizar, de nuevo, la línea abismal de lo no humano. Deshumanización cotidiana, permanente, insinuosa, omnipresente del sistema colonial imperial. Fascismo.

Estamos viviendo entonces en un momento en el que ese fascismo propio al imperialismo colonial se expande en masa, y gana territorios geográficos, simbólicos, espirituales, mentales. Ya nada está a salvo. Nada, ni nadie.

Lo vemos con el genocidio en Palestina, lo vemos en los ataques a los diferentes movimientos de liberación y soberanía en el continente africano, en el bloqueo impuesto a Cuba y a nuestra Venezuela, lo vemos en Haití. Lo vemos y lo vivimos en nuestras carnes en las reiteradas ofensivas y amenazas del gobierno de los Estados Unidos contra Nuestra América, y, en los ataques cada día más apremiantes, más grotescos y desesperados, contra la República Bolivariana de Venezuela.

La matriz colonial histórica de dominación del imperialismo que articula la explotación económica, la jerarquización racial y la guerra cognitiva, sigue funcionando. Es la misma matriz que hoy amenaza nuestra soberanía en Venezuela y que comete genocidio contra el pueblo palestino con total impunidad.

Frente a esto, quiero recordar aquí las palabras de Chávez en el primer encuentro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad (REDH) del 2004 cuando nos decía que estar en defensa de la humanidad es ir a la ofensiva.

Hoy en día es esta ofensiva la que nos convoca para reflexionar, en colectivo, sobre esas múltiples tácticas y estrategias que el imperialismo despliega contra la humanidad de nuestros pueblos.

¿Por dónde empezar?

Creo que centrar nuestras reflexiones en caracterizar de forma articulada, desde nuestras diferentes vivencias, reflexiones críticas, experiencias de resistencia y de lucha, esas diferentes formas que toman hoy en día esos ataques, centrándonos en cómo socavan y desarticulan nuestras soberanías, podría ser uno de los puntos de la hoja de ruta que deberíamos construir aquí.

Solamente si logramos entender la forma articulada de estas multiformes tácticas y estrategias del imperialismo, podremos, también de forma articulada, pasar a la ofensiva. Porque no se trata aquí únicamente de defender una lucha particular, no se trata únicamente de articular nuestras luchas, sino también de hacer de cada una de nuestras luchas, una sola y misma lucha.

Frente a la hidra del imperialismo contemporáneo —que ya no opera solo con tanques y buques, sino también con sanciones, lawfare y guerras cognitivas—, el concepto clásico de soberanía se revela como un espejismo, o una mistificación que encubre nuevas formas de dependencia.

¿Cómo podemos hablar de soberanía en un contexto de colonialidad persistente?

Creo que la respuesta yace en descolonizar el concepto mismo, a través de una reconceptualización radical de la idea de soberanía que surja como respuesta a esa colonialidad persistente del poder imperial.

Voy a exponerles aquí, como propuesta de esquema para articular nuestras reflexiones, las cinco dimensiones que creo importantes para pensar esa soberanía descolonial, no como un poder estático del Estado, sino como una praxis integral y colectiva de autodeterminación.

1. La Autodeterminación material: la soberanía como cuerpo-territorio colectivo

La piedra angular de esta soberanía, tal como lo decia Lumumba,  es el control real sobre la existencia material. La independencia formal es un símbolo vacío si no viene acompañada del control colectivo de los recursos y las decisiones económicas. El imperialismo opera descuartizando el cuerpo-territorio de los pueblos para convertirlo en partes explotables.

Frente a esta lógica desmembrante, la soberanía descolonial se ejerce desde y para el cuerpo político del pueblo, entendido como una unidad colectiva e indivisible. Este concepto fusiona el territorio geográfico con la comunidad que lo habita. Se trata de una soberanía, por tanto, corporal y territorial.

Esta idea de soberanía como cuerpo-territorio colectivo trasciende la metáfora: es la materialización de un poder popular que defiende su integridad física y geográfica.

2. La soberanía cognitiva: la batalla por la conciencia liberadora

Esta segunda dimensión nos lleva al terreno de la subjetividad y el conocimiento. De nada sirve controlar los recursos si la mente permanece colonizada. Frantz Fanon nos alertó sobre el riesgo de una liberación incompleta en la que las élites nacionales, convertidas en «burguesías compradoras», devienen agentes internos del imperialismo, reproduciendo la alienación mediante think tanks y medios, facilitando el lawfare, el extractivismo cognitivo y la legitimación de sanciones contra sus propias naciones.

Por ello, la soberanía descolonial es inherentemente soberanía cognitiva. Implica una descolonización radical de las subjetividades, un proceso de desalienación en el que los pueblos —lejos de ser dirigidos— se erigen como el sujeto que construye sus propias formas de autorrepresentación auténtica.

Es la capacidad de narrar el mundo con nuestras propias palabras, de resistir la «guerra cognitiva» imperial y de crear infraestructuras propias de pensamiento (medios comunitarios, educación popular, sistemas de trueque) que fomenten esta conciencia liberadora, rompiendo el bloqueo cognitivo imperial.

3. Soberanía como Reparación histórica integral

El imperialismo no solo saquea el presente, sino que roba el pasado y secuestra el futuro mediante deudas ilegítimas y narrativas históricas falsas y distorsionadas.

Es aquí importante plantear entonces la dimensión temporal y reparadora de una soberanía que incluye el derecho a reclamar la historia negada.

Plantear la soberanía como «memoria viva» que fractura la linealidad del tiempo colonial para hilar futuros de liberación desde un pasado presente. Implica la devolución de tierras, saberes y dignidades robadas. Se trata del cemento que da coherencia y profundidad histórica a la unidad del cuerpo-territorio, que necesitan a su vez el tejido de nuevos modelos de organización y protección colectiva, de mecanismos de autodefensa comunitaria (física, jurídica, cultural) frente a la criminalización y la violencia imperial.

4. La Soberanía relacional: La unidad Sur-Sur como autodefensa colectiva

La soberanía descolonial no es un proyecto aislacionista. La estrategia imperial de «dividir para reinar» solo puede ser contrarrestada con una lógica de unidad e integración solidaria.

Esto configura una soberanía relacional: la capacidad de ejercer la autodeterminación de manera colectiva y coordinada.

Se materializa en mecanismos concretos de protección mutua y autodefensa colectiva, tales como el ALBA y la Celac, defensa jurídica frente al lawfare, brigadas de observación internacional y sistemas de alerta temprana contra agresiones económicas, mediáticas o militares.

Es la biopolítica de los pueblos, que responde a la biopolítica imperial de la muerte, con una ética del cuidado y de la autodefensa colectiva. Este entramado de relaciones se teje, en última instancia, desde la práctica cotidiana.

Es una soberanía Más allá del Estado-Nación que se desprende del «fetiche estatal moderno», no para desaparecer el Estado, sino para repensarlo desde abajo, como un instrumento al servicio del poder popular y articulador de un «cuerpo-territorio colectivo» tal como está planteado aquí en Venezuela en el horizonte del Estado comunal.

5. La Soberanía como praxis existencial: existir, resistir, (re)existir

Esta quinta dimensión revela la naturaleza de la soberanía descolonial: no es un decreto, un estatus legal o un punto de llegada, sino un quehacer constante, una ontología política puesta en práctica.

Podemos entonces plantear como programa el construir colectivamente esa ontología política de la soberanía descolonial no como concepto abstracto, sino como una praxis constante. Como la praxis del existir-resistir-(re)existiendo frente a la ontología colonial que define a los pueblos del Sur como explotables y descartables.

Finalmente, esta soberanía que planteamos es una disputa permanente del poder en todos los ámbitos de la vida.

Es una lucha simultánea por el poder sobre lo material (soberanía económica), sobre el pensamiento (soberanía cognitiva) y sobre la historia (soberanía memorial).

En síntesis, la soberanía descolonial es un proceso de autodeterminación integral, colectivo y situado, ejercido por un pueblo/humanidad entendido como un cuerpo-territorio memoria viva. Es, en esencia, la capacidad de un pueblo/humanidad de narrarse, gobernarse y protegerse a sí mismo, rompiendo las cadenas visibles e invisibles de la colonialidad imperialista.

Quisiera cerrar parafraseando las palabras Chávez, en este mismo evento del 2004 que les mencioné al inicio, que creo que sintetizan perfectamente lo que quise compartirles:

Esta es la ofensiva por la humanidad. Solo llenándonos de humanidad, haciendo carne y alma los valores verdaderamente humanos, podremos defender la humanidad e hilar futuros de liberación desde la memoria viva de nuestros pueblos. Otro mundo es posible si nosotros lo hacemos posible, con el amor como valor supremo y con la convicción de que estamos en el ataque por la humanidad, en la ofensiva para defender esta bella humanidad.

(Artículo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad)

Ximena González Broquen / Centro de Estudio de Transformaciones Sociales del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (CETS IVIC)

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Publicado en: Cultural, Global

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