Por: Daniel Campione
Dedicó otro volumen, Hegemonía y lucha de clases, a la exploración de afinidades y vínculos entre las reflexiones del revolucionario ruso y las del también militante revolucionario y teórico italiano.
En otra obra puso el empeño en el estudio de dos teóricos marxistas que pertenecieron por un buen tiempo al partido comunista de sus respectivos países: Louis Althusser y Manuel Sacristán.

1ª edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ediciones IPS, 2026.
136 páginas
E hicieron sendas elaboraciones críticas de la «corriente principal» a la que pertenecieron. Laudable esfuerzo de abrevado en una vertiente diversa cuando no antagónica a la del investigador. Que es la del trotskismo.
Un recorrido tan breve como arduo y con algunas sorpresas.
Ahora el estudioso argentino publica un trabajo distribuido en capítulos destinados a la sintética revisión del pensamiento de varios pensadores, de a uno por vez. Todo en torno de las intrincadas cuestiones de la dialéctica.
No elude el autor el carácter disputado de esa disciplina. Es sabido que en la forma de DIAMAT se tornó parte de la doctrina oficial del PCUS y del Estado soviético. El que más sufrió fue el despliegue creador del estudio de los clásicos. Sobre todo su desenvolvimiento en el análisis de la historia y el presente.
La disección de esa deriva teórica y sus consecuencias negativas fue ya hace tiempo efectuada por nuestro compatriota Néstor Kohan.
Al estudiar los planteamientos dialécticos Dal Maso recurre primero a los clásicos del marxismo: El propio fundador, seguido por sendas secciones acerca de Trotsky y luego Gramsci.
Transcurrido ese camino se dirige a un breve análisis de teóricos muy poco frecuentados, al menos en estas tierras. En esa línea hilvana a la estadounidense de origen ucranio Raya Dunayevskaya, quien hizo el recorrido desde el PC estadounidense al trotskismo. Y de allí a posiciones independientes. Revisionistas en buen sentido.
Dunevstkaia rompió con el fundador del ejército rojo a propósito de que éste mantuvo la caracterización de la U.R.S.S como «Estado obrero degenerado» en la coyuntura del pacto Molotov-Von Ribbentrop, en 1939. Ella en cambio se inclinó, en una propuesta discutible, sin embargo bien fundamentada, catalogándolo como «capitalismo de Estado».
El capítulo siguiente está centrado en el checo Jindrich Zeleny, autor de Dialéctica y conocimiento y La lógica de Marx. Fue un académico que vivió toda su vida en su país de origen. Al parecer sin quiebres sonoros con el poder político. Sus indagaciones introdujeron, entre otros temas, una exploración en torno a confluencias y discrepancias entre Hegel y Marx.
Su examen del pensamiento dialéctico se dirige hacia el autor de Fenomenología del espíritu, Lenin y Trotsky. Hacia allí lo sigue Dal Maso. Quien sobre el fin de esta sección rescata ante todo que el checo «ubica la dialéctica fuera de la filosofía sistemática y la liga al movimiento de masas.»
Regresa luego a un terreno algo más familiar a través del mencionado Sacristán. Pone el foco en sus relaciones con la lógica formal. También hacia el problemático vínculo entre la prosapia marxista y lo que denomina «la herencia hegeliana». Y el del propio sabio de Tréveris con el concepto de ciencia.
El último capítulo traza un giro a primera vista inesperado. Tal la remisión a Nicolás de Cusa, un filósofo de transición entre el medioevo y el renacimiento. Se dirige allí para la puesta en discusión de su papel de lejano precursor de la dialéctica de Hegel, que a su juicio minusvalora el verdadero alcance de su pensamiento.
Lo hace para traerlo hacia el presente y el futuro cercano a fin de que «participe» en los debates actuales en el campo del marxismo. Además de su posible productividad en la fecunda discusión en torno a la tradición hegeliana.
Realismo y praxis.
Cierra el libro un brevísimo epílogo en el que menciona indagaciones quizá indispensables. Entre ellas la «relativa incompatibilidad» entre «realismo científico” y «filosofía de la praxis».
La que constituye una de las manifestaciones de la tensión entre la pretensión de objetividad científica y la carga de subjetividad inherente a la condición humana y social. Así como al señalamiento de que el rigor y el espíritu sistemático que se consideran propios de la ciencia no excluyen su costado político.
En menos de 150 páginas Dal Maso ha abierto picadas acordes a un subtítulo con resonancias de modestia: «apuntes y reflexiones».
Queda ahora la espera para que el estudioso nos traiga ampliaciones del tratamiento de pensadores poco transitados. O bien pertenecientes a encuadres diferentes al itinerario marxista, sean previos o posteriores a su fundación.
Ha publicado Ediciones IPS, con el cuidado que la caracteriza. Demostrativo de que puede articularse el alineamiento militante con el buen trato hacia variados textos y autores.
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