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Netanyahu ante el abismo

08/12/2024 by Vitalio Deja un comentario

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Por Leonel Nodal

 

Desesperado, ante su fracaso en el intento de aniquilar a Hamas y rescatar a los rehenes israelíes en su poder – militares y civiles- a un año y dos meses del inicio de su sanguinaria guerra de exterminio en Gaza, Benjamín Netantyahu se encuentra ante un abismo.

Apostó todo a qué una victoria electoral de Donald Trump lo librará de esa pesadilla, pero su  ilusión se desvanece, porque a pesar de los compromisos con “Israel” que contrajo en la campaña, el presidente de Estados Unidos a partir del 20 de enero tendrá, otros asuntos estratégicos, militares y geopolíticos,  mucho más importantes qué salvarle el pellejo al acosado jefe de la ocupación sionista en Palestina.

Una estrepitosa caída de su gobierno de extrema derecha se avecina. La debacle puede demorar todavía, pero es inevitable. Y lo peor para él y su delirio de grandeza: será su propia gente, sus aliados, quienes lo harán caer del pedestal. Y no es futurismo. Ellos no le perdonarán el fracaso frente a la rebelión Palestina desencadenada por Hamas, que lo sorprendió durmiendo a pierna suelta el 7 de octubre de 2023.

Esa mancha, cada vez más oscura, no ha logrado borrarla con la guerra genocida en Gaza, la prueba de fuerza con Hizbullah en Líbano o el choque militar directo con Irán no le han permitido conseguir la prometida “victoria total”. Al contrario, le permitió ver sus límites y riesgos. Incluso puso al descubierto la debilidad de uno de sus flancos frente a la costosa e inesperada confrontación con la Resistencia yemenita.

Sueños irrealizables

Netanyahu ha rechazado todos los llamados a un cese al fuego que permita negociar el intercambio de prisioneros militares y civiles capturados por Hamas a cambio de cientos de militantes que se pudren en pésimas condiciones en las cárceles israelíes, incluso niños, adolescentes y mujeres encerrados sin juicio. Se lo impide la fuerte presión de sus aliados de la extrema derecha ultraortodoxa, de la que depende para conservar una mínima mayoría parlamentaria que lo mantiene en el cargo.

Su adicción al poder, lo impulsa a prolongar el criminal ejercicio genocida que la opinión publica mundial rechaza cada vez con más fuerza y lo amenaza con ir a la cárcel o vivir el resto de sus días como un prófugo de la justicia. Además de continuar la guerra en Gaza, con el fin de sentar las bases para una prolongada presencia militar en la parte norte de la Franja de Gaza, Neyanyahu pretendía  imponer un  nuevo orden político en Líbano. Incluso, reclamó el establecimiento  de una “zona  tapón” fronteriza -sobre territorio libanés- con derecho de vigilancia e intervención militar, pretensiones anuladas por el acuerdo de cese de fuego negociado con Hizbullah, bajo fuerte presión de la Casa Blanca.

No fue la buena voluntad de Biden, sino el agotamiento de repuestos de cohetes antiaéreos en “Israel” para destruir en el aire los misiles y drones de Hizbullah, así como las  crecientes bajas en los intentos de avance terrestre. Netantyahu ha intentado – sin éxito- neutralizar las acciones  de la Resistencia en Irak, Siria y Yemen. Y tampoco ha podido eliminar capacidad nuclear de la República Islámica.

Al mismo tiempo, Netanyahu creyó que Arabia Saudita y otros países del Golfo finalmente aceptarían la normalización con “Israel”. Y con el regreso de Trump rediseñar a su antojo el Medio Oriente. Otro error de cálculo.

Un informe de Reuters el 29 de noviembre, citando varias fuentes, confirmó que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salman ha “abandonado su búsqueda” de un tratado de defensa con Estados Unidos a cambio de la normalización con “Israel” y ahora procura un acuerdo “más modesto”.Las fuentes dijeron que el gobernante saudita, ha reafirmado la condición de que la normalización con “Israel”  depende del compromiso de “Tel Aviv” de trabajar por el establecimiento de un Estado palestino independiente, en línea con la Iniciativa de Paz Árabe de 2002.

Sin embargo, la extrema  derecha y los ultraortodoxos de la Coalición gobernante de Netanyahu también aspiran a enterrar para siempre las perspectivas de una solución de dos Estados.El asesinato de indefensos civiles palestinos en Gaza, en gran mayoría mujeres, niños, bebés recién nacidos despedazados por bombardeos aéreos a hospitales, escuelas, campos de refugiados en tiendas de lona incendiados… todo eso filmado en vivo y transmitido a miles de millones  de televidentes en el mundo aportó las pruebas más concluyentes del carácter genocida de su guerra y provocó las mayores protestas populares masivas en todo el mundo. Eso jamás se había visto, al punto de provocar una orden de parar esos crímenes por parte de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Encuestas reveladoras del fracaso

A pesar del ocultamiento a la población del Estado sionista -por orden de la censura  militar, que impide mostrar en la televisión local las imágenes de la barbarie causada en Gaza- las más  recientes encuestas revelan su efecto negativo. Hoy hasta los más cercanos aliados del Estado hebreo lamentan que “‘Israel’ está perdiendo la guerra de propaganda”, como señaló hace poco el editor del influyente diario alemán Bild, del conglomerado Springer.

Una encuesta de opinión publicada el 15 de noviembre por el diario Maariv arrojó que si las elecciones se celebraran en este momento, el grupo de Netanyahu las perdería. Solo obtendría 48 de los 120 escaños que forman el  parlamento, mientras la oposición alcanzaría 62 -suficientes para  derribar a Netantyahu y formar gobierno.

Otros 10 puestos lo ganarían los miembros de la minoría árabe residente en territorio israelí antes de 1948, opositora del primer ministro. Lo mismo le ocurrió a su compinche de medio siglo Joe  Biden, a quien la guerra genocida del pueblo palestino – sin ser la única  razón- le costó la reeleción y la más  estrepitosa derrota electoral del Partido Demócrata.

La catástrofe se veía venir, como crónica de una muerte anunciada, tras las masivas manifestaciones pro Palestina del verano, en ciudades y universidades de todos los confines en Estados Unidos y en los comentarios más objetivos de la prensa y pronósticos de centros de estudios políticos.

En mayo, Biden intentó evitar el descalabro con una propuesta de alto al fuego y un intercambio de prisioneros, que frenara el descrédito internacional y desactivara la oposición interna en las filas demócratas. Tal vez, hasta le propuso a Netantyahu parar por un tiempo  y seguir su guerra después de las elecciones. No sería extraño. Pero el primer  ministro israelí no hizo caso. Se burló de sus líneas rojas en Rafah y de sus urgencias electorales.

Un reporte posterior a los comicios norteamericanos reveló que Netanyahu impidió un acuerdo de intercambio de prisioneros con el fin  de apaciguar a los ministros de la ultraderecha ortodoxa, que amenazan con hacer caer el gobierno si se detiene la guerra y se acepta el canje de retenidos, como demanda Hamas.

Por otro lado, en la víspera de la votación sacó del gabinete al titular de Defensa, Joav Gallant,  el hombre del Pentágono, el interlocutor preferido de la Casa Blanca. Netanyahu apostó a Donald Trump y fue el primero en felicitarlo, en la creencia de que el republicano lo sacará de apuros. Incluso frente a Irán, en una prueba de fuerza terminal para Teherán. A primera vista, parece que esa no es la visión de Trump, quien le reclamó el fin de la guerra antes de su regreso a la Casa Blanca.

Golpes de ciego al borde del abismo

El asesinato de líderes de Hamas o su martirio en fieros combates, no provocó el esperado derrumbe o desarticulación de la resistencia. Por el contrario- según las cifras oficiales- la guerra de tierra arrasada le ha costado a “Tel Aviv” más de 800 soldados y oficiales muertos, así como más de cinco mil heridos, puestos fuera de combate por largo tiempo o para siempre.

“Ese inesperado saldo ha generado serías dificultades para incorporar al campo de batalla a nuevos reservistas,  que en número creciente se declaran agotados y rehuyen el regreso a los combates”, según comprobó el diario The Washington Post, en la introducción de un extenso reportaje, poco antes de la firma de un cese del fuego con Hizbullah en Líbano, al que Biden – por su propio interés en mantener la influencia en ese país- le puso toda la presión necesaria para que Netayahu y sus socios se tragaran la amarga píldora, una derrota estratégica para sus planes expansionistas.

El espectro del fracaso israelí frente a Hizbullah en 2006, cuando el premier Olmert reclamó el cese al fuego ante el insostenible número de bajas en sus tropas, reapareció  en escena. Desde entonces se afianzó la reputación de Hizbullah como el grupo con soldados mejor preparados del mundo árabe. Los mandos militares y estrategas israelíes tardaron casi 20 años estudiando una revancha que los librara de aquel despretigio.

Está vez quizás se sientan mejor parados, según sus códigos éticos, pero la operación de terrorismo tecnológico que hizo estallar unos tres mil beepers y walky talky en manos de libaneses,  con su alto número de muertos y lesionados, antecedente inmediato de la agresión, solo consiguió arruinar aún más la autoproclamada imagen de Estado más avanzado, civilizado y democrático de Medio Oriente.

Los bombardeos aéreos indiscriminados -con aviones y pertrechos suministrados por Estados Unidos- de ciudades indefensas densamente pobladas como Beirut, Baalbek y otras, con el saldo de más de tres mil civiles inocentes asesinados, miles de heridos y más de dos millones de desplazados queda inscrita como prueba de la criminalidad y el desprecio del derecho  internacional humanitaro de una entidad que desde hace medio siglo el Occidente neocolonial liderado por Washington utiliza para imponer su hegemonía en la región.

A pesar de su superioridad aérea, la confrontación terrestre ha vuelto a probar, que las tropas de Hizbullah fueron capaces de defender el territorio y causar costosas y constantes bajas a las tropas invasoras. Netanyahu volvió a chocar con el problema de que “Israel” carece de tropas como para darse el lujo de perder hombres en cada escaramuza o en emboscadas en terreno ajeno. Cada baja en “Israel” duele muchísimo y el costo político es altisimo. No es extraño que el líder de la mayoría opositora Benny Gantz pida con reiteración un acuerdo de cese del fuego e intercambio de prisioneros con Hamas en Gaza.

Los cautivos -dijo al diario Maariv, en una denuncia de los manejos de Netanyahu- no fueron devueltos por razones políticas y en el norte (Líbano) se podría haber llegado a un acuerdo más fuerte. “El regreso de los cautivos fue y debe seguir siendo el objetivo más importante de la guerra. No se puede negar el hecho de que hemos fallado en proteger y abandonamos a los cautivos, y debemos solucionar este problema”, añadió. “La única forma de recuperarlos, puntualizó, es hacer un trato.

“Sus conclusiones concuerdan con las observaciones de The Washington Post de que “La fatiga por la guerra se profundiza en “Israel” a medida que aumentan las muertes y se expanden los combates. Un número cada vez mayor de reservistas israelíes están optando por no presentarse a cumplir con su deber, lo que aumenta aún más la presión sobre un ejército sobrecargado en medio de una guerra que se extiende cada vez más.

“Nadav Shoshani, portavoz de las Fuerzas de Defensa de “Israel”, dijo en una reunión informativa a mediados de noviembre, que las cifras de alistamiento del ejército han disminuido aproximadamente un 15 por ciento desde el período posterior a los ataques del 7 de octubre de 2023. Incluso, existe un ambiente  de rechazo en las mandos castrenses en prolongar las operaciones, que apenas puede ser acallado.

La  rebelión liderada por Hamas el 7 de octubre  de 2023 desde el campo de concentración de Gaza (el mayor del mundo a cielo abierto, con 2,3 millones de seres humanos – palestinos expulsados de sus tierras, refugiados en el minúsculo territorio en 1948- bloqueado por aire, mar y tierra desde 2007, cercado militarmente por un perímetro de alta seguridad) mantiene sumido hoy a “Israel” ( y su aliado estadounidense) en el conflicto bélico más largo de su historia, sin asomos de un final, y mucho menos una victoria militar o política.

En los primeros meses de la guerra de exterminio, anunciada a viva voz por el ministro de Defensa Joav Gallant, fueron convocados  unos 350 mil soldados reservistas, bien entrenados y armados, una cifra asombrosa, para destruir una milicia irregular de 10 mil o hasta 20 mil hombres.Netantyahu, por el contrario, en medio del empantanamiento en Gaza, optó por seguir su impopular guerra de exterminio.

Se trata, a todas luces de una evidente limpieza étnica, mediante asesinatos en masa o la expulsión por la fuerza de un pueblo de su territorio nativo, que destaca al ejército  israelí por su inmoralidad y el regocijo en la venganza, el incendio y arrasamiento de ciudades, pueblos y aldeas, reducidos a escombros. Así lo ha denunciado de forma reiterada el exministro de Defensa Yigal  Allon, y ha sido documentado con lujo de detalles en miles de fotos y vídeos filmados por los propios soldados israelíes, quienes las divulgan sin el menor escrúpulo en las redes sociales. Ningún otro mejor testimonio para condenar a Netanyahu como un genocida y criminal de guerra.

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Publicado en: Medio Oriente

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